viernes, julio 26, 2013

Materia prima para un risotto: Boletus edulis, Cantharellus cibarius

Hongos (Boletus edulis). Ojo, no añadir el limaco al arroz. Fotografía de Imanol E.
Zizas (Cantharellus cibarius). Fotografía de Imanol E.
El risotto se celebró en Ixkibar, Leizalarrea, Navarra, el 25 de agosto, con gran aprovechamiento por parte de los comensales (Asun, Ángel, Imanol, Patxi, Ricardo, eresfea) tras la cosecha en el hayedo del entorno.

Pico de los Monjes (2.347) y Escalar (2.283): la importancia del lugar del almuerzo

Calocybe gambosa el 14 de julio.
 Ángel y yo recogimos los últimos (?) perrechicos de la temporada 2013 en la etapa prólogo del 14 de julio. Y así, pertrechados con los perrechicos, el queso, la cabeza de jabalí y el tinto Colegiata, decidimos buscar un escenario acorde al almuerzo.
Salimos de Astún y subimos al Pico de los Monjes. Tras una rápida y eficaz labor de cocinillas, almorzamos ante una de las mejores vistas del Midi Ossau y, de postre, nos animamos a echar un vistazo a la cima de Escalar. Otra vista fabulosa.

Elegido el lugar del almuerzo.
"Fijando" la experiencia del día anterior desde otra perspectiva. Ahí está el Aspe, la Llana de la...
Merece añadir el Escalar al Pico de los Monjes.
Luego, café en Astún, y yogur de cerezas en el refugio Pepito Grillo de Canfranc Estación (que nos lo habíamos dejado olvidado allí).

Aspe (2.645) y Llana de la Garganta (2.599): "accesible"

Por el karst de Las Llanas: Aspe a la derecha, Llana de la Garganta a la izquierda. Fotografía de Ángel.
Cima de Aspe, ante Lecherín, Mallos de Lecherín y, al fondo, Collarada.
 Descenso del Aspe hacia la brecha homónima. Punto de acceso alcanzado.

Bajada "normal" de la Llana de la Garganta, ante la Llana del Bozo y Bisaurín.
 El señor Juan Mari Ansa en su libro El Aspe y las Cumbres del Circo de Aisa despertó una curiosidad que él mismo despejó un día con una sonrisa satisfecha. "Sí, sí que se puede, se sigue la pared y tiene un punto accesible". La cuestión era si se podían reunir Aspe y Llana de la Garganta. En realidad, se puede completar la trilogía Aspe, Llana de la Garganta y Llana del Bozo. Pero la atracción fatal era ésa del punto accesible que convierte una cima de ida y vuelta por un solo camino en una cima con opción circular. (Sí, ya sé que alguno leerá este tipo de inquietudes atónito: hay que estar muy pirau...). Ese punto accesible me ha tenido más de un año dando vueltas, hasta que el 13 de julio Ángel y yo partimos de Rigüelo para subir al Aspe por la vía normal del sur. Luego, casi mantuvimos la altura de la brecha del Aspe (fuimos un poco más abajo) y seguimos por una ladera pendiente y nevada que nos exigió método y atención (piolet y crampones). Podíamos haber ahorrado esfuerzos descendiendo un poco más desde el collado, hasta el lugar donde las calizas marrones cambian al color gris (Las Llanas). Si se sitúa uno a esa altura y sigue hacia el oeste, pronto ve el dichoso punto. Cierto: el lugar es accesible y está marcado por dos hitos de piedras. Luego se trepa sin demasiadas dificultades en una zona caliza escabrosa y se alcanza la cima de la Llana de la Garganta. Allí llegaron otros dos montañeros ese día, unos hermanos que venían de subir la otra Llana, la del Bozo.
Comimos en la segunda cima del día: queso, cabeza de jabalí y alcachofas (calientes). Tan ricamente.
Y la tormenta descargó por el barranco del Aspe y por Canal Roya, para otros.

P.D.: Otros Aspes (1), (2).

miércoles, julio 24, 2013

Una galopada por Ordesa: Tobacor (2.779) y la Faja de las Flores (otra vez)

Montañero asombrado. Mondarruego al fondo.
El 6 de julio por la mañana, cuando desayunaba en Góriz, dudaba en qué ruta seguir ese día. Estaba seguro del destino: Bujaruelo, donde tenía reservada la media pensión. ¿Subo el Casco, paso por la Brecha de Roldán y bajo al collado de Bujaruelo para repetir después el tramo (pero en bajada) de dos días antes? ¿Exploro el collado de Gabietos armado de piolet y crampones? Al final subí Tobacor, esa montaña que se ve desde el refugio de Góriz en cada en cada aventurilla tresmilera, esa cima que no había subido nunca. Fue tan sencillo como alcanzar el collado de Millaris, el pico homónimo y lomear hasta ¡Tobacor! (¿Cómo es posible que ningún caballo histórico se llame Tobacor? Bucéfalo, Incitatus, Babieca... ¡Tobacor!
Desde Tobacor había decidido llegar a la Faja de las Flores, y bajar por Carriata hasta la pradera de Ordesa y, desde allí, caminar al refugio de Bujaruelo en una kilometrada final de asfalto y pista. Pero para alcanzar la Faja de las Flores había aún dos opciones: la corta, por la Ribereta (más corta, aunque con una remontada); la larga, por el collado Descargador y las planas de Narciso.
 Opté por la larga porque hay un refugio que quería revisar en Cotatuero, cercano al poste ¿meteorológico?



Eresfea enfajado.
 Luego caminé por la Faja de las Flores aún sin flores (primavera que no llega) pero con gente, y con sarrios extraordinariamente confiados, quizá por la presencia, aquí sí, de brotes verdes.


Haced "clic" en las fotografías para ver a la gente.


Llegué con los cascos calientes a la pradera de Ordesa y me rendí a la bajada en autobús en un ambiente sofocante. Los casi 7 km que hay desde el Puente de los Navarros hasta Bujaruelo los llevé con el gotero puesto (de sudor).

domingo, julio 21, 2013

Cilindro de Marboré (3.325)

La primera semana de julio había vías primaverales en las cimas del entorno de Ordesa. El 5 subí al Cilindro de Marboré, vi el Lago Helado haciendo honor a su nombre, vi la escalera/huella de la Escupidera y el rosario de montañeros en la nieve. Opté por el Cilindro, una cima pendiente (nueva para mí). Desde el Lago Helado, hiela por la noche y las pisadas madrugadoras precisan crampones. Tras salvar una pala de nieve (por donde Lucía y yo nos fijamos años atrás en la pedrera y, sobre todo, en los tipos que bajaban entre risas y alaridos, ¡calzados con unas Converse!), se llega al pequeño collado entre el tramo final del Cilindro y el Pitón SW, donde ya sobraban los crampones, y se enfrenta una chimenea: II, según Luis Alejos en Mendikat; II sup., expuesto, según Miguel Angulo en Pirineos III; III, según el mapa Alpina 3000.

Perfil de la chimenea del Cilindro (¿II, II+, III?) contra el cielo. 
Cuando yo subía, bajaban tres encordados. En la cima comí pan de molde y la última cuña del queso que me regaló Gabriel (gracias). Llegaron dos hombres más: uno joven, flaco, bien equipado (el juicio del equipo se resume: buenas botas, buena mochila, buena "chaqueta", cuerdas); el otro, sesenta y pico..., emocionado, sin mochila, con el recuerdo vívido de la cima del año pasado, con el propósito de la cima del año que viene, con ganas de llamar por teléfono. ¿Hay cobertura?
Cilindro de Marboré. Silbado: "Las hermanas sister", La Trinca.
El flaco era el guía contratado. Hablé un poco con él. Es un trabajo duro, sí, pero tiene que ser hermoso compartir estos momentos de plenitud con los clientes. Subían desde la Cuta, cinco horas. Yo había subido en tres y cuarto desde Góriz. El cliente hablaba emocionado con la familia.
Bajé por delante de ellos hasta la chimenea, y ahí estaba haciendo el araña cuando el guía me dijo que él iba a instalar una cuerda fija, que si quería echar mano... El cliente bajó rapelando. El guía me dijo después: "Ya tienes la cuerda". Y añadió con elegancia, como para dejarme a mi aire: "Yo me voy a echar una meada". Bajé en un pispás y muy agradecido.
De nuevo en la nieve, pero reblandecida, los crampones eran necesarios, pero la huella de cada pisada se corría, derrapaba en la bajada.
Monte Perdido y, al pie, el Lago Helado helado fundiéndose al mediodía.
Cuando me saqué los crampones, más o menos a 2.700 m, me daba pereza bajar. A menudo me pasa esto en las montañas. Me apena dejar el escenario de la altura. Remoloneé hasta el extremo: que se sequen los crampones al sol, recoloco el piolet, voy a ordenar la mochila, un trago de agua, y otro. Dejé que muchos montañeros (aquellas cuentas del rosario matinal en el Monte Perdido) me pasaran. Bajé solo a Góriz.

viernes, julio 19, 2013

Mondarruego (2.847), listas y elipsis

Faja Escuzana. (Ventajas de la cámara con autodisparador).
 A veces el montañero termina la jornada, repasa las imágenes de su memoria y de la cámara digital, hace balance y hasta piensa que podría componer un librito con esas imágenes, cualquier cosa con tal de poder escribir algo parecido a la presentación de Astérix y Cleopatra (La mayor aventura jamás dibujada): "¡14 litros de tinta china, 30 pinceles, 62 lápices de mina blanda, 1 lápiz de mina dura, 27 gomas de borrar, 38 kilos de papel, 16 cintas mecanográficas, 2 máquinas de escribir, 67 litros de cerveza fueron necesarios para su realización!".
Algunas listas son en sí mismas una buena historia para quien hace memoria y escribe, pero más complicadas para quien no estuvo ahí. ¿Cómo conseguir que sean eficaces? Recuerdo ahora los logros de la lista perruna convertida en cuento en Clasificación según razas, de Alberto Escudero; o las listas de Beigbeder en Una novela francesa; o la lista de Hombres con los que no me he casado, de Dorothy Parker... Y de Vietnam a la montaña: las cosas que llevaban en el petate los soldados de Las cosas que llevaban los hombres que lucharon, de Tim O'Brian. Muchos montañeros cederán a la tentación de contar todas las cosas que se llevan en la mochila y vincularlas a determinadas situaciones (la perfección montañera, en este caso, consiste en usar todos y cada uno de los elementos cargados en la mochila)... Esto, por cierto, ya lo resolvió de modo magistral Dovlátov sin montañas ni mochila en La maleta.
¿Y las tentaciones de la toponimia? Eso de citar lugares por donde se pasó, como si enumerarlos todos rápidamente pudiera animar las imágenes y dar vida a la película. Siempre he creído que, por ejemplo, en Pirineos sólo tres o cuatro lugares permiten el abuso del nombre. El mejor es Espelunga.
-¿A dónde dices que has subido?
-Al Espelunga -tono contenido, como si escaseara el oxígeno.
(¡Himaláyico!, como poco). 
Y al mismo tiempo, entre tanta tentación enumerativa, está la tentación del silencio, del "condensado", de la elipsis narrativa.


Colmenilla (Morchella elata).
Algo de esto rumiaba en silencio cuando vi de lejos el Refugio de Góriz a eso de las seis y media. Ya hacía el resumen, la lista. Había salido de Bujaruelo, había encontrado colmenillas en ¡julio! (con este descubrimiento ya soy capaz de escribir cinco o seis páginas), había pasado por el puerto de Bujaruelo, había tomado la senda hacia la Forqueta de Gabietos... Y por allí seguí la senda espectacular de la faja Escuzana que (misteriosas asociaciones mentales...) me trajo al pensamiento los "rayos sin gentilicio" de Eider Elizegi.
Subí Mondarruego, releí sobre el mapa las altitudes que correspondían a los tres collados que aún tuve que ascender en la "navegación" libre y solitaria en un día despejado por las calizas y nieves del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Pasé por lugares con toponimia digna de abracadabras o mitos: Torre de Lassus o Pilón de la Catuarta, Planas de Narciso, collado de Millaris...  Hasta Góriz me llenaba la cabeza de listas y añadía el aliciente de hacer propias en el gepeese mental las verdaderas distancias y hasta las texturas de las rocas o los veneros de agua. Caminé once horas el 4 de julio.



El refugio de Góriz estaba completo. Un grupo de montañeros franceses había subido a varios paralíticos cerebrales en una especie de rickshaw, carritos de tracción humana, con personalidad montañera. Era más que emocionante ver la alegría y las bromas que se traían. Una puesta de sol perfecta. Mis listas se vinieron abajo.
Cené en el refugio de Góriz, dormí en tienda de campaña.

jueves, julio 18, 2013

Peña Otal o Arañonera (2.701)

Peña Otal y, a la derecha, Tendenera nevada, desde el collado de Mondarruego.
El montañero es, en general, un creyente que lee los mapas como las sagradas escrituras, las sagradas escrituras cartográficas, una fuente de fe: donde está dibujado un camino, tiene que haber un camino; el montañero ve el dibujito de una línea punteada como senda y cree en lo que aún no ve, el camino que realmente se dibuja sobre el terreno. Esta fe se cuestiona ante el descubrimiento de un error. Lo más tranquilizador es aceptar que los equivocados somos nosotros, malos lectores de las sagradas escrituras cartográficas (¡cómo se va a equivocar el mapa?) o que se manejan mapas apócrifos. No criticaré editoriales de mapas mediocres y alabaré los buenos, como los de Editorial Alpina. Pero algunos detalles se levantan como peñas y cuestionan la confianza. En la edición Alpina 3000 de Monte Perdido (et. al.) se dibuja con una línea punteada imposible de distinguir  entre "senda" o "rastro de senda, ascensión".
La realidad: la vía de ascenso a la Peña Otal o Arañonera al principio es senda, luego rastro de senda y, al final, ascensión con méritos para la calificación con un número romano y rojo (II). Subí el 3 de julio medio avisado por Ester, del refugio de Bujaruelo: "Merece la pena subir hasta el collado del Pico Rojo sólo por la vista. Luego la cima es de roca descompuesta..., tú verás...".
Cerca del Puente de los Abetos, un poste de alta tensión cruza la pista de Bujaruelo (hay una señal de peligro de incendios) y los hitos marcan desde una pequeña pradera la primera parte boscosa e inverosímil. Apenas hay zigzags, se suben sin perdón unos 300 m de desnivel. Sufrí el calor y, sobre todo, la humedad. Agradecí la sombra de las hayas y los pinos, y haber dejado el mochilón en San Nicolás de Bujaruelo. Se salva el arroyo del Turbón, ya sin árboles, y un poco más arriba se puede uno asomar a la sima de la Grallera del Turbón. Allí  sentí la corriente de aire frío y reparador, las pareces de la sima estaban cubiertas de nieve. Me arrimé hacia la ladera del pico Turbón para subir, hay varias opciones por el barranco calizo. Llegué al cuello de Otal (2.351) y enfrenté el final de la ascensión. Encontré hitos por el nordeste y tres chimeneas sucesivas: la primera, facilísima; la segunda, fácil; la tercera casi dibuja desde la lejanía (la vería al día siguiente) un corte en la cima y tenía su intríngulis con la lengua de nieve blanda que evité.
La cima tiene dos hitos y vistas preciosas. Las nubes se levantaban a mi alrededor. Allí almorcé un bocadillo de chorizo de Salamanca y me prometí volver sólo ante la insistencia de algún pejiguera con poca fe.

P.D.: Existe la posibilidad de bajar desde el cuello de Otal al valle homónimo por una senda que se dibuja en el mapa, pero bajé por donde había subido.

P.D.2: ANGULO, MIGUEL, Pirineos II, de Somport a Vignemale (Vías normales y escaladas fáciles), ELKAR, Donostia/Baiona, 1994: "Otal (2.709) desde Santa Helena: Excursión Difícil, Escalada PD inf. exp., desniv. 1450 m, 10h IV.
Magnífica ascensión "directísima" de esta punta calcárea de temible aspecto, desde el campamento de Santa Helena. El itinerario, uno de los más bellos del macizo, remonta los 1450 m de desnivel prácticamente en línea recta hasta la cima. La escalada terminal es menos difícil de lo que parece (algunos pasos de II), pero el paso no es por ello menos impresionante, a causa de la inclinación de la pendiente y de la austeridad del terreno que hay que atravesar. Para montañeros experimentados y bien equipados (cuerda auxiliar)."

miércoles, julio 17, 2013

Prioridad animal y ajos amarillos en la cabecera del Ara

Sobre el ibón helado del Brazato. A la izquierda, el Tablato; a la derecha, Foratura.

En el ibón del Brazato tengo la sensación de mirar un glaciar el 2 de julio. Al fondo, el Tablato Piniecho me trae a la memoria una bonita ascensión repetida, y que repetiré. Subo a Baciás (2.760) y me lanzo en la bajada corriendo a grandes zancadas por la nieve. La alegría se topa, ya en la cabecera del río Ara, con una dificultad: la nieve acumulada y las tormentas han convertido ese arroyo fácil de salvar en un río de aguas bravas. Elijo con cuidado por dónde pasar y termino con las botas atadas al cuello y el agua por la cintura. Cuesta mantener el equilibrio.

Después casi todo es un suave descenso hasta el refugio de Bujaruelo, con tiempo para la señalética y las flores. En la zona del barranco del Cardal (?), entre los refugios de Labaza y Ordiso, la senda se encajona en la caliza y se salva un desfiladero. Ahí han colocado una especie de barandilla de seguridad y dos carteles, de entrada y salida, según se suba o se baje; y ahí avisan a las personas, porque creo que las vacas (ver imagen con perfil de ubres) de momento no leen los carteles. "Prioridad paso de ganado". ¿Nuevas nociones de urbanidad? Del "dejad pasar a los mayores primero" o "dejad pasar a las mujeres embarazadas" a "el ganado gana"... Y la imagen de una persona muñeco (preeminencia plástica animal: ¿dónde estaba el ilustrador vacuno?, ¿por qué encargaron el dibujito de la persona a un cartelista de baños?), ¡que cae casi saludando, como si se tirara ante la simple visión de una vaca!, con la leyenda "Peligro de caída", traslada el peligro en cuestión a la persona arrojadiza, no a la vaca. Claro, algún teólogo me dirá que el hombre se presta a la Caída, en tanto que la vaca viene definida por naturaleza, por su instinto, sin libertad, sin capacidad de Caída. Y algún tiquismiquis me dirá que he pasado de "caída" a "Caída", y que las mayúsculas importan; pero, creedme, cualquier ser humano escribiría Caída al asomarse por ese barranco si apareciera una vaca para disputarle el paso.
Y ya está, fin de mi cuento. Dejo la fotografía del cartel para los incrédulos educados en otras prioridades y añado otra con flores de ajo amarillo (con hormiga) que sólo he visto en aquel paraje.


Polluelo de carbonero garrapinos


Y en esta página podéis oír cantar a un adulto.
Balneario de Panticosa, 2 de julio.

martes, julio 16, 2013

Tormentas

Ibón de la Sierra hacia el río Escarra.
Cae la tormenta (con granizo) en el collado de Escarra y el refugio cercano al ibón está cerrado con un candado. Pero el montañero se consuela: bien, ahora se despejará un poco... Una hora después cae la segunda tormenta y el montañero se obceca: tengo que llegar a Escarrilla. Y toma la directa por el barranco de Escarrilla. Error. Después de más de una hora trepando y destrepando en el laberinto encajonado de rocas con el piano de cola a la espalda, llega a Escarrilla. Llama por teléfono al refugio de la Casa de Piedra. "En poco más de dos horas estoy ahí". La tercera tormenta le sacude en la carretera durante hora y media. Fija su mirada en la línea blanca del arcén. Camina como un fantasma de poncho rojo. Pasan tres coches. Pasan piedras ¡flotantes? con la riada del agua por el asfalto.
A las nueve y diez del 1 de julio llega al refugio, ensopado y frío.

Collarada (2.883)

Cima de Collarada (Hola, ¿sabes dónde está la parada del autobús?).
Lourdes, Pilar, Ángel y yo hemos desayunado morosamente en el refugio de Ip. Subimos luego por la ruta norte de Collarada, aprovechando la nieve que aún cubre la pedrera. Cerca del cuello de Ip, la nieve flojea y los pasos se hacen más cansinos, pero la vista es preciosa y hace llevadero el esfuerzo final con premio: almorzamos en la cima el 30 de junio.

Comienzo de la ascensión al cuello de Ip, ante la Pala de Ip y el Hombro del Escarra.
Subida y bajada, ya con la vista del pico Escarra sobre su Hombro.
Precisión en los pasos sobre las palas de nieve que resbalan hasta la represa.

Asomo al barranco de la Besera, de camino a Canfranc, fin de la jornada.

lunes, julio 15, 2013

Moleta (2.572) y Picos de la Tronquera (2.689, 2.666)

El cielo era esto (entre Tronquera y la Pala de Ip).
 Decía Pla que fumaba para encontrar adjetivos. También se pueden subir montañas. Ahí van dos nuevos adjetivos para el sábado 29 de junio: enmoletados, tronquerizados.
Lourdes, Pilar, Ángel y yo partimos de Canfranc Estación (1.250) y tomamos la variante de la GR11 por el canal de Izas. Nos fotografíamos ante la cascada Divina (a cierta distancia) y enfilamos por senda balizada hacia el ibón de Samán o de las Iserías. Es un camino precioso que salva las Iserías y eleva al montañero hasta un paraje que, por sí solo, ya merece una mochila de adjetivos encomiásticos.

Ángel ante la presencia Divina.
Puente de nieve sobre el helado ibón de Samán o Iserías.
Almorzamos como leones un poco más arriba, de camino al cuello de la Moleta. Luego subimos a la cima de Moleta y tomamos rumbo a la Pala de Ip.

Dándolo todo (¡arfs, arfs!). Atrás queda Moleta. Y en lontananza, Lecherín, Mallos de Lecherín...
Subimos los dos picos de Tronquera y decidimos que la Pala de Ip quedaba para otra jornada, que del collado bajábamos hacia el ibón represado de Ip, para dormir en el refugio no guardado, junto al dique (2.100).

Pilar a punto de entronquerizarse.
Lourdes, entronquerizada, ante la Pala de Ip.
Bajamos más o menos alegremente por la pala de nieve (excepcional en esas fechas) y llegamos al refugio (mesas y bancos; piso superior abuhardillado, con somieres y colchonetas, todo muy limpio).

Ángel, marcando la línea ante Collarada, la promesa del mañana.
Bajar, bajar... Qué bonito es el verano.

Hongos de verano en Aralar (Boletus aestivalis)



Cuando aún tenía el saborcillo entre las muelas de los perrechicos de altura en Aralar, salí en busca de los hongos al hayedo del Realengo. El fin de unos coincide con la aparición de los otros. Fue así el año pasado, ha sido así este año.
Las fotografías son del sofocante miércoles 10 de julio.






P.D.: De las gibelurdiñas y las zizas, sólo asomos.