Tengo la sesera amogollonada desde Semana Santa con los perrechicos. Vivo algo parecido a la ansiedad del galgo cuando se abre la temporada de liebre, atento a humedades, temperaturas, vientos y fases lunares; venteando el aire, vigilando los flancos, atento a que los rivales no se aprovechen de mis movimientos... También abuso de los revueltos y me retraso con las entradas del blog.
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