martes, febrero 02, 2010

El momento auténtico

¿No te ha pasado? Tienes la certeza de que has vivido un momento en el que todo encaja, un momento perfecto por su intensidad, por su pureza…, un momento en el que estás realmente conectado al mundo, como si fueras un avatar enchufado al todo. A esa experiencia de plenitud hay gente que la llama momento auténtico.
Y entonces, si aceptas eso del momento auténtico, comprendes también, alarmado, el fenómeno de su singularidad: ¿por qué son tan raros los auténticos?, ¿por qué no son típicos, o míticos, como se dice ahora?
Pienso que todos los momentos son tan auténticos como comunes: es auténtico cuando cocino huevos fritos, es auténtico, también, cuando resuelvo sudokus de viaje en autobús. Así que, si me paso la vida de momento auténtico en momento auténtico, queda claro que soy un practicante de la autenticidad.
Pero hay autenticidades y autenticidades… En algún momento llega la persuasión: es muy auténtico saber preparar hojaldre, comer angulas, bailar solo (mal o bien) delante de una multitud, publicar una novela (mala o buena), declarar un amor (el que sea) o que la gente se muera alrededor… Eso es más auténtico.
El simple hecho de que cualquiera diga eso de “fue un momento auténtico” habla del acostumbramiento a una mayoría de momentos inauténticos. ¿Se vive falsamente o todo esto es un juego de palabras?

¿Qué hace una lepiota como tú en un lugar como éste?

Lepiota procera.

El miércoles 27, subí a Peñas de Aya desde Irún. El batolito, no confundir con Bartolito, no tiene un agujero solo (la cueva del Juncal). Y dedicado a la “investigación" de vías, entré en el otro agujero, la cueva Rekarte.
Pero vuelvo a las peñas. A pesar de estar las rocas encapsuladas por el hielo en la cara norte, en el entorno vi los primeros rastros de la primavera en flor, y junto a la cima de Muganix una señal otoñal y lepiotera.
Después de seis horas y media, regresé a Oyarzun y tomé un café en el bar Juanito.

viernes, enero 29, 2010

Evolución de la desmemoria

Primero se olvidan los chistes, es preciso (además del salero) una memoria exacta para repetir las palabras justas en el orden preciso y provocar la carcajada. No vale el resumen del chiste, la idea del chiste.
Se olvidan los teléfonos a los que no llamamos. Se olvidan, poco a poco, los cumpleaños (unos porque sí, otros porque nos esforzamos). Se recuerda el mes, se duda entre un día y otro…
Recordad: hubo un tiempo en el que os sabíais los chistes, los teléfonos, los cumpleaños.
Después se esfuman los nombres propios. Reconoces el rostro, pero ¿cómo acertar con el nombre de la persona para ese rostro? (Y siempre te toca presentar a esa persona en una situación embarazosa).
Te adentras en el campo de la “conceptualidad”: se recuerda la idea, el concepto; se olvida la realidad. Y te refugias en el relato de los acontecimientos, en el recuerdo del recuerdo, no en lo que realmente pasó.
Dicen los ancianos que, al final, recuerdas sobre todo a las personas a las que quisiste y las que te quisieron. ¿Será ese recuerdo el recuerdo de un recuerdo, el recuerdo de un relato? Si es así, el día del juicio final los cuentistas tendrán ventaja.

P.D.: Mañana, sábado y 30, cumplen años Asun y Susana.

Susana estrena San Donato hace un año.

Asun Miss Edulis en octubre de 2009.

martes, enero 26, 2010

Kartxela


Como decía mi abuelo: "No hagas de pie, lo que puedas hacer sentau".

P.D.: La fotografía es de Asun.

lunes, enero 25, 2010

Manos

Eric Clapton y la mano lenta, la manopla, la mano dura (siempre se pide más de ésa para otros), la manecilla (del reloj), el pájaro en mano, la mano de obra, el tanguero mano a mano (hemos quedado), el manirroto, la mano de mus, la mano izquierda y la de pintura, la trompa del elefante (que también es mano), a mano armada (el atraco)...
Ya nos avisaron en el cine, cuidado con La mano que mece la cuna... Pero la víspera de San Sebastián, en una sidrería de San Sebastián, vimos (de primera mano) la mano que corta el chuletón...: Jesús, fotografiado en un barroco claroscuro, con las manos en la masa, por decirlo de otra manera. Mano de santo.

Tambores cercanos


Tradición. Es un no parar...

domingo, enero 24, 2010

Memoria de la belleza marina

Hay un acuerdo estético común: los faros son bonitos.
Pero…, ¿si se sacaran piedra a piedra (ladrillo a ladrillo) los faros de la costa y se recolocaran en las ciudades? En medio de las rotondas, por ejemplo. ¿No se parecen a las chimeneas industriales de ferrerías o azucareras? Creo que los faros seguirían gustando tierra adentro, mientras que las viejas chimeneas de ladrillo afean, aunque ya no echen humo. La belleza contagiosa del mar hace que los faros nos parezcan bonitos; y también la luz de los faros, que guía y salva. Quizá bastaría el recuerdo de la costa para que nos parecieran bonitos hasta en la ciudad, del mismo modo que las chimeneas de ladrillo disgustan y se derriban si no las apadrina una pareja de cigüeñas.

P.D.: De alguna manera, las caracolas de mar tienen la misma ventaja sobre las de tierra. Y las acercamos al oído. Unas guardan el rumor del mar; las otras, ¿rumor de tractor? Si hasta el bronceado del mar tiene más caché que el del campo...

P.D.2: La chimenea azucarera de la imagen está sacada de aquí.

martes, enero 19, 2010

Tu amigo electrónico


A menudo recibo correos con una “invitación” electrónica. Alguien (amigo, conocido o desconocido) quiere que me apunte a su lista de amigos. Nunca se tienen bastantes amigos, pero a mí la amistad electrónica enredada… me da repelús. Y hace tiempo que borro esos mensajes sin abrir.
Me acuerdo de aquella máquina de regalos sorpresa con forma de mono que detectaba tu presencia cercana y sonaba con voz enlatada: “¡Ho-la, soy… el mono!, ¿quieres ser mi-amigo?”. Algunos metían la moneda, giraban una rueda y recibían una especie de supositorio gigante, una vez vi cómo alguien abrió el supositorio y consiguió un llavero, y otra vez cómo otra persona consiguió… otro llavero.
Cuidado, no llamo monos ni abrazallaveros a los facebookeros o a los twitteros; estoy seguro de que los conectados a estas redes pueden ser muy felices. Tampoco quiero presumir de rarezas y no me siento perseguido (ergo bienaventurado) por Facebook, Twitter, Tupper (-ware) o cualquier familia electrónica o envasada. Pero sí me parece que se juega con la palabra “amigo”, como en la grabación del mono.
Tengo "0 amigos" en Facebook. ¿Se puede tener "0 amigos" también en Twitter? Ni siquiera sé si me reconocerán que se puedan tener "0 amigos" sin registrarse previamente en una de estas redes sociales.
Encuentro demasiados paralelismos entre las nuevas redes sociales y las clásicas redes de arrastre. Por más que a estas últimas les añadan salidas para tortugas como yo.

P.D.: La imagen está sacada de aquí.

lunes, enero 11, 2010

Beleku nevado

Álvaro y Jesús "progresan" en la nieve.

Asun, en equilibrio, camina sobre las aguas (heladas).

Nos llevaban metiendo el miedo a la nieve en el cuerpo desde el jueves, hablaban del temporal del norte, de la nieve ("¡que viene, que viene!"). En San sebastián nevó para que los niños jugaran la mañana del sábado. Y nevó en Guipúzcoa como para que los niños (un poco grandes, un poco usados) fuéramos a Aralar el domingo: Asun, Karmele, Lourdes, Álvaro, Jesús, Patxi y yo. La ascensión tenía dos posibilidades, una directa a Txindoki desde Oriaiturri o alguna cima del cordal Uarrain Beleku. Como la nieve estaba muy suelta para la primera opción, nos fuimos hacia Alotza y ascendimos Beleku (1.256). Disfrutamos con los dibujos de la nieve trenzada en las laderas sacudidas por el viento. Y disfrutamos también al socaire, donde la nieve se amontonaba suelta como para zambullirse en ella. Nos zambullimos: de pie, de costado, de cabeza... Regresamos luego por la ruta clásica de Ausa Gaztelu hasta Larraitz, el punto de partida.
Y punto y aparte fue el hallazgo del restaurante Txindoki (así que al final subimos a este Txindoki), en Amezketa, donde nos sirvieron alubias y otras viandas a las cuatro de la tarde.

AVATAR


Lo primero es el título de vocales abiertas. Podía haber sido, por ejemplo, Angara (capital de Turguía), pero no, ese Avatar agudo y terminado en erre es casi inolvidable. Después está la facilidad con la que se acepta la historia mirada con gafas: el espectáculo visual del 3D ayuda a esa suspensión de la realidad, a que todo resulte verosímil, al menos en la primera mitad de la película. Se disfruta el descubrimiento de Pandora, un nuevo mundo con “otras” reglas y una naturaleza híbrida de selva amazónica, sueño de paleontólogo y arrecife de coral sin agua. Los avatares en cuestión son azules, grandes, delgados y fibrosos. Las “hembras” tienen los pechos pequeños. No existe obesidad ni flaccidez entre ellos, no necesitan depilarse. Su rostro es un equilibrio de persona y pantera y tienen una trenza compatible con la naturaleza/Red que ríanse de las conexiones USB y las ofertas de la telefonía móvil (ésta conexión, este paralelismo de la tecnología con el viejo concepto de integración en el ecosistema me parece de lo mejor del guión).
La sorpresa (que no susto) del descubrimiento de Pandora funciona muy bien, pero la segunda mitad de la película es una historia tan vulgar como entretenida. Y 162 minutos después de ver y casi tocar tanto avatar, todos queremos ser un poco más… azules (no sé si ecólogos o ecologistas). O sea: altos, flacos, fibrosos, conectados con la naturaleza, saltimbanquis tarzanescos, jinetes de pterodáctilos de colorines…
El espectáculo merece la pena, y no sorprende el éxito de taquilla.

Por favor, deja de leer en esta línea si aún no has visto la película.
No voy a contar el argumento de la película, porque los medios de comunicación ya nos han bombardeado con esa información. Pero insisto: deja de leer si aún no has visto la película.

Para mí, Avatar se alarga porque no hay grandes sorpresas en la línea argumental desde que descubrimos cómo funciona Pandora y se ve al héroe integrado. A partir de ahí, más de uno jugará a ver otras películas en esta película. (Yo, por ejemplo, vi algo de La Guerra de las Galaxias, de Platoon, de Un hombre llamado Caballo… y hasta del Tarzán en el que cantaba Phil Collins). Además, el guión se regodea en algunas suertes. Por ejemplo, el momento de la crisis en la batalla final. Estamos acostumbrados a ver cómo el héroe parece perdido y entonces (¡zaca!) resurge para ganar. Aquí el momento crítico está repartido solidariamente: pierde al jefe de la tribu, pierde a la piloto de helicóptero que los apoya, está a punto de perder a su enamorada. En todos los frentes de la batalla están a punto de darle matarile. Pero el rizo del rizo está por llegar: él desdoblado en la lucha contra el malo maloso. Doble angustia: en el cuerpo del avatar pelea en desventaja contra el monstruo mecánico; en el suelo, en el cuerpo humano inválido asfixiándose con la máscara de aire en la yema de los dedos. ¡Cuánta agonía! ¡Retanta agonía!
(De nuevo se imponen los mundos posibles, como en los anuncios de colonia de Hugo Boss). Decía un amigo tras la película, al pie de una cerveza con doble fermentación, que por primera vez hemos visto y celebrado una victoria de los alienígenas contra los humanos. ¿Han bastado unos cuerpos atractivos, una naturaleza de ensueño, el egoísmo bruto con que son representados la mayor parte de los humanos? Supongo que no, y ése me parece otro triunfo de la película: que nos pongamos en el papel de los azules avatares.
Dice la prensa, además, que se han guardado escenas entre avatares para que la película fuera apta para todos los públicos. Y esas escenas quedan para la versión juego de la película. Este Avatar no ha hecho más que empezar, nos deparará otros avatares.

P.D.: La imagen está tomada de aquí.