viernes, enero 14, 2022

Visibilización del Cabecita

Como decía Borges, "estas palabras hay que oírlas, no leerlas":

“Ay, cabezón, que desde el primer día hiciste sufrir a tu madre…”

La descripción de los cabezones está abierta a la prosopografía, a la etopeya, o a la reunión de ambas. Tanto los de perímetro craneal exagerado como los testarudos andan tranquilos por el mundo. Los primeros son legión y con los otros no hay censo posible  -porque dicen que cabezones no, que son sinceros, tenaces o, lo peor, "así"-.

Los cabezones físicos alivian su desproporción cuando crecen a lo largo y a lo ancho. (¿Quién no conoció al niño de la cabeza apoyada en la mano, en el pupitre, en un compañero... a quien le creció el cuerpo lo suficiente como para soportar su cráneo sin manos?). Los cabezones de carácter, crezca o mengüe el cuerpo, tienden a reafirmarse en su cabezonería. No sé si serán felices o no, pero sí que son los demás quienes, hartos, terminan echándose las manos a la cabeza (propia).

Y entre tanto cabezón, los cabecitas viven marginados. Imaginad su alarma cuando el cuerpo se estira en la adolescencia y se les pone tipo de cerilla para chimeneas, miraos las carnes ante el espejo antes de la temporada de playa y acordaos de los cabecitas. Cuando su cuerpo engorda, en la cabecita solo crece la papada y el morrillo. ¿Y cuando se quedan calvos y no pueden ahuecarse el pelo? No hay buenas noticias para los cabecitas. Solo descansan en la moto, o cuando nieva (¡el calentamiento global!) y se pueden poner un gorro con pompón, o cuando en Carnaval se disfrazan otra vez de piruleta o de margarita.

Apuesto por la visibilización del Cabecita (desde aquí con mayúscula, para que abulte más), siempre en desventaja con el cabezón, ninguneado hasta cuando se le juzga solo por su carácter:

"Ay, cabecita loca...".

viernes, enero 07, 2022

Reyes Magos en Erniozabal, Ubeltz y Mako

 Los Reyes Magos doblan la rodilla (sin polainas) ante el nacimiento de Erniozabal (1011).

El 6 de enero disfrutamos la aventura tresmilesca en Ernio (al fin y al cabo, el resultado de la suma de las alturas de Erniozabal, Ubeltz y Mako es 3095).

Y al final del almuerzo surgió, más o menos espontáneamente, el rosco con nata. Qué cosas...

Digestión en bajada de Mako (1068) ante el panorama de Aralar.

sábado, enero 01, 2022

Hoy, 1 de enero de 2022

Hoy, 1 de enero de 2022, me colocaré mi casco vintage y, mientras otros surfean, recorreré en mangas de camisa la carretera de la costa californiana en mi moto vintage, por el camino largo, como Caperucita, con una mano en el manillar y la otra en la cadera, en las rectas, claro. Me acercaré a comprar café en grano que derramaré en una bolsa de papel estraza a mi nombre (oíd el ruidito, anticipo de la felicidad), que me serviré yo mismo mientras en mi pulsera oscilan dos bolitas. ¿Y después? Esperaré con paciencia budista hasta que un mecánico, capaz de trabajar al tiempo que se toma un café solo, me la ponga a punto (la moto). Y, como soy muy mañoso, rellenaré el depósito con combustible fósil (también es vintage la gasolina, ¿no?). Volveré a mi hogar con las sombras largas del crepúsculo. Cruzaré los jardines que dan acceso a mi casa (concepto de espacio abierto) y, con el antebrazo inflamado y tatuaje discreto, sostendré un capuccino (que, después del exceso de ayer, el estómago ya no está para ristretto).

 Brad Pitt se sienta a tomar café.

¿Qué propósitos fermentáis para el 2022? ¿Por qué este año no?, ¿por qué no hoy?, ¿por qué no nos deslizamos como Brad con su moto por la carretera, compramos café y nos lo tomamos solos (pero relajados) en una taza que dibuja tres niveles?

Cierto.

Perdón.

Por si sirve de algo, no tengo moto ni sé de mecánica, pero tomo el café como el mecánico. Y estoy de acuerdo en que la musiquilla de la publicidad es hiriente. Ya me iba, Ya me voy, a pie. Ya. Pero con una mano en la cadera.

lunes, diciembre 27, 2021

Siguen las setas de invierno (Arranoaitz, 875)

 

Amanita muscaria ferruginosa, con la cutícula del sombrero un poco venida a menos. 27-XII-2021.

Sucesión de cimas para los ochomilistas más intrépidos (en decímetros) desde el campo base de Barbari (barrio de Zegama): Oamendi, Arripillaeta, Arranoaitz y Elortxiki.

viernes, diciembre 24, 2021

¡Feliz Navidad!

 

Nacimiento portátil en la cima de Bianditz (844).
23-XII-2021.

domingo, diciembre 19, 2021

Mar de nubes (Baratxueta, 1148)


Cima de Baratxueta, con vista al mar de nubes el 18-XII-2021.

Fotografía de Pilar.

Aunque visto desde más abajo (desde dentro), el mar recibe un nombre mucho más prosaico: niebla.

 



miércoles, diciembre 15, 2021

Cielo despejado y setas en las cimas (Ttutturre, 1282)

 

Fotografía del Pilar.

Las Malloas desde Ttutturre, 12-XII-2021.

jueves, diciembre 02, 2021

La opción del láser

Qué pasa cuando tienes las gafas descompuestas por el uso, cuando se te deslizan continuamente por el puente de la nariz como si jugaran, traviesas, por un tobogán, y ya contemplas, entre la miopía y la presbicia, la compra de unas bifocales, o progresivas, como dicen ahora. Porque no quieres operarte con láser, porque te la trae al pairo la cuestión estética (con semejante nariz, las gafas salen de la categoría de atrezzo y entran en la maquillaje). Pero ya has calculado y sabes que cuestan dos ojos de la cara. Y estás pendiente de las ofertas en progresivas, que, como todas, se empañan con los cambios de temperatura y te dejan como un topo cada dos por tres en invierno.

Qué pasa, digo, cuando entras a un baño público con la urgencia dictada por la vejiga y no tiras de la bomba para eliminar los sólidos depositados por un cagón anterior, pero, en un gesto de elegancia y urbanidad, levantas la tapa protegido con el último trozo de papel higiénico. (En el gesto, no dudas de tu puntería. ¿Topo? Tal vez..., pero con el pulso de Robin Hood). Y en esa inclinación fatal, las gafas se resbalan (despegan) por la pista de la nariz, y vuelan en picado (manoteo inútil), y se hunden entre otros sólidos.

Y entonces, en medio del naufragio, piensas en el láser como una buena opción, y te dices que es una inversión, porque, al fin y al cabo, ¿cuántas veces se tropieza en la misma piedra?, ¿cuántas veces se pueden caer las gafas en la taza de un váter sucio? La gravedad siempre está ahí, sentencias, y las bifocales, perdón, las progresivas son tan caras.

Tocan a la puerta del baño. Alguien acompaña su apremio con un ruego:

-¡Por favor, por favor, por favor...! -suena una ventosidad quejosa (irreproducible)-. No... puedo... más...

Hay que tomar una decisión.

miércoles, noviembre 24, 2021

190. Dar calabazas

 

Fotografía de Pilar.

Una cosa es recibir calabazas y otra recibir una sola calabaza con sobrepeso, una de 190 kilos. Habrá quien vea ahí, sin procesar, puré o cabello de ángel para un regimiento. Imaginad cuánta dedicación, cuánto amor hay puesto al pie y sobre esta calabaza que ha crecido en tierras negras y navarras. Hacia el final del otoño, después de roturar el campo, no queda rastro de la calabacera, pero ahí está la calabaza después de jálogüin. Alguien la ha pesado (¿cómo?); alguien ha colocado esos sacos (¿para que la calabaza no se estropee con la humedad de la tierra?); alguien, al fin, ha anotado con un rotulador: "190 Kg". (Añado un adverbio: primorosamente). ¿Por qué anotar el peso? Para que otra persona lo vea, y sepa. Ese cuidado, se mire como se mire, es todo menos dar calabazas.

Pero habrá quien interprete en ese "190 Kg" vanidad y presunción de hortelano, incluso servidumbre al prototipo de platino iridiado residente en París.