martes, febrero 16, 2016

Por Albizti a Oakorri (1 304) y Artubi (1 263). Por Albizti, de Aiskarate y Egurtegui (1 320)

Por la rampa de Albizti, ante Beoain, Aldaon, Hirumugarrieta... (6-II-2016).
El sábado 6 de febrero de 2016 era luminoso y las Malloas estaban secas, así que emprendimos el ascenso quizá más montañero (que cada cual juzgue qué se oculta tras este calificativo) en hierba de Aralar. Con salida desde más arriba de Gaintza, hay que acercarse casi hasta Egute (nevero persistente en primavera) que marca el punto de partida de ascenso en un amplio zigzag al collado de Oa, entre al pie de Beoain y Oakorri. Desde Egute, en dirección a Azkárate, se salta una alambrada y se toma una canal herbosa sin descanso hasta la cima de Oakorri. Es la rampa de Albizti.
Alcanzamos Oakorri y optamos por añadir la cima de Artubi y bajar por Astunalde para almorzar a mitad del descenso.

El 8 de enero de 2017, de nuevo en un día luminoso de praderas secas, ascendimos hacia el collado de Oa atajando por fuera de senda y bordeando Aiskarate por el norte.

Paredón norte de Aiskarate.
La pradera sobre Aiskarate. Fotografía de Pilar.
Nos aupamos a la Malloa soleada y, desde allí, pasamos por el collado de Oa y optamos por la cima de Egurtegui como escenario de almuerzo.

Cima de Egurtegui.
Después del almuerzo, cayó la niebla y decidimos pisar hierba ante la perpectiva de un descenso por sendas que en asenso vimos aún con hielo. Tomamos la ruta de Albizti. Ay... (remirar la primera fotografía de esta entrada), la hierba seca y prensada se convirtió en un enorme tobogán sobre el que mantenerse en pie (sobre todo en la parte alta) era difícil.

Últimos pasos de bajada por Albizti. Arriba, el telón de la nube baja.
 Moraleja confirmada con un sube y baja en menos de un año: preferimos subir.

miércoles, febrero 10, 2016

Los nombres de las verduras

¿Pero quién puso nombre a buena parte de las verduras?
Espinaca (que no pinchaca) parece más nombre de pez cartilaginoso que de verdura apetecible. ¿Acelga? Dígase despacio: a-cel-ga De cel a ga brota casi espontáneamente la arcada; saboree las letras y comprenderá por qué hay que cocinarla con jamón, con almendras, con... Pronunciar achicoria ya amarga. Parece inevitable la cercanía de la endibia a los pecados capitales. Llame ¡escarola! y ¡borrajaa una persona que no sepa español; ya verá qué contento se pone...
(Pues eso, pan y queso).

jueves, febrero 04, 2016

Al monte con niños

Invocaciones al fuego en Santa Marina.
Antes de que el arte de ir al monte con niños fuera objeto de interés para urbanitas en revistas y guías montañeras, algunos padres, o tíos, o primos ya practicaban tres, o cuatro, o doce mañas:
(Recomiendo seguir leyendo con la música de Baga biga higa, de Mikel Laboa, todo se entenderá mejor).
-Hacer fuego. Un buen fuego consumía cualquier desventura montañera: la fatiga, una torcedura de tobillo, el vacío del estómago, el picor del crédulo que aguantó la respiración en el revolcón por las ortigas...
-Un palo. Ahora, ¡ay!, telescópico, impersonal (excepto los tuneados por Patxi).
-Una navaja, extensión de cualquier mano hábil. Ahora un arma letal.
-Una bota con vino tinto y peleón. Ya sé que hoy no suena políticamente correcto, pero la imagen del hombre feliz que bebía de la bota se elevaba (y escurre aún) por las montañas de la memoria mucho más allá que ésta, ¡ay!, de los que llevan camelbak o una botella de ciclista.
-Chorizo. A ser posible en ristras (el plural importa); para así hincarlo en un palo (afilado a navaja) al fuego; para comer con el vino (obviamente, sólo para niños mayores de 18 años).
-Un perro. La mejor acotación que puedo añadir al perro es que ayudaba a atrapar conejos u otros animales, pero me temo que tampoco se puede contar ya esto.
-Una poza, o charca, o arroyo con animales, preferentemente anfibios: ranas, sapos, renacuajos y, sobre todo, tritones. Significaba, como poco, una hora de entretenimiento; y los huevos de rana que se llevaban a casa con la complicidad de padres, o tíos, o primos (refugiados en la función didáctica) ayudaban a la asimiliación del proceso de metamorfosis: huevo-renacuajo-rana.
-Un ladera herbosa. Cuanto más alta estuviera la hierba y más fuerte fuera la pendiente, mejor para la croqueta, el deslizamiento sin trineo, la voltereta con tirabuzón.
-Hacer una cabaña y disponer de un hacha (aunque no se usase, por si acaso). Lo más: hacer una cabaña en un árbol.
-Subir un árbol, aunque no construyeras una cabaña en las ramas.
-Linterna. Había (y hay) tres excusas excelentes para usar la literna: explorar una cueva, las sombras chinescas y que se haga de noche en el monte. (Pero los niños saben perfectamente cuál de las tres es una maña de blanditos).
-El hielo de los charcos o de las estalactitas (una concesión al invierno): la resistencia del hielo a ser quebrado o al peso de las pisadas; obtener una especie de puñal de hielo con la que cruzar espadas a primera sangre (generalmente en la empuñadura).

El domingo 31 de enero de 2016, caminamos con bastones telescópicos, alcanzamos la cima de Bargagain (o Urbasa) en medio de una niebla densa y fría, nos refugiamos en Santa Marina, servimos la botella de gewürztraminer en vasos de metal, no cominos chorizo a la luz de las liternas frontales, nos conformamos con: pie violeta en revuelto, cabeza de jabalí, jamón serrano, queso de cabra, chocolate y té; no llevamos perro, no subimos a un árbol ni rodamos por la hierba, vimos con distancia las puestas de las ranas en un par de charcas; pero, eso sí, rompimos el hielo en el refugio de Santa Marina, donde otros montañeros con niños, más ajustados a la edad que se supone tienen los niños, habían preparado un fuego de muy señor mío.

viernes, enero 29, 2016

Balerdi (desde Subizelaigañe)


Confieso de nuevo que la cima de Balerdi es mi favorita entre  las de la sierra de Aralar. Es aérea y con cresta de aproximación; la única a la que se sube bajando; está tan bien repartida que uno puede tener un pie en Navarra y otro en Guipúzcoa; ofrece vías de acceso casi perdidas que recuperan la dimensión montañera al margen del camino de pinturas o la vía normal (conga, gusanito, procesionaria); a menudo  el buzón cimero guarda un libro de cima.
En la imagen aparece visto en un día otoñal de 2015, desde Subizelaigañe, en la divisoria de las aguas (vapor de). 

jueves, enero 28, 2016

Pie violeta (Lepista personata)


Quizá lo más hermoso de estas setas es su pie, aunque al recolector le llama más la atención que se encuentran en buenos años (como este 2016) en pleno enero o febrero, y al micófago le agrada su sabor. Las de la imagen forman parte de una excelente cosecha resuelta en algún lugar de Navarra (...) el 24 de enero y día de luna llena.

miércoles, enero 20, 2016

Desde Txorrotxeta (1 273)

Así se veía San Donato desde Txorrotxeta.

Enraquetados.
 La primera nevada de 2016 nos animó el domingo 17 de enero a calzarnos las raquetas y dar un paseo por Aralar, con salida de Albi, Txorrotxeta como hito y vuelta por el antiguo aparcamiento de Pagomari hasta Guardetxe.

Huella del paso de un ángel ¿o de un arcángel?

miércoles, enero 13, 2016

Palabresco: abruputo




La anaptixis lograda en el abruputo consigue reunir las dos acepciones de la RAE para abrupto y otorga un carácter memorable a ese terreno que más allá de lo escarpado, quebrado o de difícil acceso. Un palabro especialmente útil en la montaña.

domingo, enero 10, 2016

El mar Cantábrico desde Mandoegui (1 046)

Inicio de la bajada de Mandoegui, 9 de enero de 2016. Al fondo del cordal, las dos jorobas de Adarra; a la derecha, San Sebastián; más allá, la línea del horizonte, el mar. Fotografía de Pilar.
El cordal Adarra Mandoegui, como se nombra habitualmente, parte de la cima de Adarra (819) en Guipúzcoa y se adentra en divisoria de Guipúzcoa y Navarra para alcanzar Mandoegui (1 046) y, de propina, Urepel (1 059).
Siempre he pensado que este cordal clásico debería llamarse Urepel Adarra, y me sobra como argumento que, partiendo de la cima más alta y caminando en ese sentido, se ve el mar.

viernes, enero 08, 2016

Aleuria aurantia, Peziza aurantia

Antes Peziza aurantia, ahora Aleuria aurantia; el 16 de diciembre de 2015, un destello micológico anaranjado en el Valle de Ibargoiti, Navarra.

sábado, enero 02, 2016

2016, seguiremos siendo jóvenes mañana

"El tiempo de la existencia compartida es un viaje que recorre y recupera continuamente, en su caminar, los lugares y los instantes de la propia odisea. ¿Hacer el amor con una mujer de sesenta años?, proclamaba una vez mi amigo Roberto en el café. Por favor, ni hablar. Pero -añadía, rectificando el interrogante retórico- Paola no tiene únicamente los sesenta de hoy, también es la cuarentona, la treintañera, la veinticincoañera con la que he vivido mis días. Así que su edad media es joven y seguirá siéndolo mañana. Un rostro se hace más intenso, más marcado y consciente, más apagado y seductor. Alrededor de esa boca, debajo de esa nariz, en alguna leve señal de arruga, en las aguas oscuras de los ojos erran los años, pasados y presentes, se dibuja y se graba el tiempo; la curva de la garganta es la cuenca del tiempo, el lecho de su río. La boca que arrastra en ese río siempre es la de ayer, de hoy; es posible que Heráclito se haya equivocado, nos bañamos siempre en el mismo río, en el mismo infinito presente de su fluir, y el agua es cada vez más tersa y profunda. Descender la pendiente hacia el mar Negro, aceptar la corriente, jugar con sus remolinos y sus crestas, con los pliegues que dibuja en el agua y en su cara."
Claudio Magris, El Danubio, Anagrama, 1997, p. 135.