Bautizamos un túnel que elude una pared inclinada como el Paso del los Nabos.
Tampoco estaba nada mal sentarse en un trono espeleológico.
En la orilla del segundo lago.
Apunto una lección de espeleología y francés:
-estalactita, con te, tombent (caen);
-estalagmita, con eme, montent (suben).
Las estalagmitas eran gruesas, las estalactitas largas y finas como agujas de punto.
Pasamos una hora y cuarto de exploración. Después almorzamos y buscamos la otra cueva cercana y prometedora: Noriturri.
Noriturri tiene un recorrido sencillo, de paseante, con paredes lisas, erosionadas, sin demasiados nabos, sin agujas de hacer punto... Al final el suelo muestra bañeras ya secas y erosionadas, algunas colmatadas de una arcilla arenosa. Parece que se acaba, pero a la derecha surge una sorpresita: una galería que obliga a cierto contorsionismo (repta que te repta) para alcanzar una especie sala circular con los estratos calizos bien dibujados.
Además:
-en el hayedo aparecían los primeros brotes primaverales;
-poco antes de regresar al primer coche, estrenamos la temporada de bejines.
1 comentario:
Ave César, Noriturri te saluant.
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