
El cuerpo de Guadalupe era ya un bulto extraño, vivía postrada, casi por inercia. Pero el “casi” es la diferencia. Su sobrina favorita la visitó poco antes de que Guadalupe muriera.
-Tengo ganas de morirme. Ya no puedo más, no sirvo para nada, sólo causo molestias en casa… Rezo para morirme pronto.
-Tía, está enseñando cómo se muere a sus hijos y nietos –le dijo la sobrina.
-¡Ay! -suspiró con una sonrisa.
(La sobrina había aprendido la lección con sus abuelos y sus padres).
(Maldita/bendita docencia, ¿no?).
Algunas personas encuentran las palabras con los que sufren. Yo soy muy torpe para eso. Quizá porque no busco adecuadamente: busco las palabras justas. A pesar de mi tara (otra más…), reconozco a los elegidos, a los tocados por la caridad y sus palabras. Algo es algo. Las palabras justas están para los hongos, las flores, los resultados de la Real Sociedad, los cascarudos…, no para acercarse a comprender el dolor de los que sufren.
P.D.: La imagen es de hace tres días. Lantana es lantana, esto me lo enseñó M. T.
2 comentarios:
Digo yo que porque no hay palabras justas para definir los "casis".
También soy bastante tarado, sí.
Que mal huele la Lantana cuándo la podas.
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