Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuento. Mostrar todas las entradas

domingo, septiembre 17, 2023

Cosas con las que matado gente

Zapato con tacón de aguja. Lapicero. Taza metálica. Cascajo de río. Palo. Pala. Pico. Bate. Botella. Trozo de cristal (verde). Cuchillo y tenedor. Cuerda. Tijeras. Trofeo (preferentemente de tenis). Caña de bambú. Pañuelo. Motosierra. Corbata. Teléfono (fijo y móvil). Palo de golf. Piolet. Martillo. Llave inglesa. Llave de cruceta. Manguera. Maza. Espada. Estaca. Palanca. Jabalina. Rompecabezas. Macetero. Machete. Coche. Antorcha. Extintor (matafuegos). Candelabro. Sombrero de ala muy dura. Hacha. Bieldo. Cable. Carné. Látigo. Cojín o almohada. Estantería. Trituradora (industrial). Luna de cristal. Máquina de clavos. Zanahoria. Lanza. Lámpara. Mancuerna. Carné (afilado) del gimnasio. Bisturí. Rosario. Piano. Sacacorchos. Lanzallamas. Apisonadora. Cadena. Arpón.

Y tú sabes cómo fue en todos los casos. No lo niegues. Has sido el testigo (quizá desde la infancia). Te lo dice el guionista.


martes, noviembre 22, 2022

El hijo del ornitólogo realista

 Al niño le cuelgan los espaqueti en las comisuras de los labios y tiene la sonrisa atomatada (sangrienta, en su imaginación).

-¡Soy un vampiro! -exclama reafirmándose ante su padre.

-¿Vampiro? Benito, pareces un frailecillo.

martes, mayo 31, 2022

Cabecita conoce a Alicia

La competencia y la voz hermosa de la dependienta en la sección masculina de pantalones destacan sobre cualquier cosa cuando dice a la espalda de Cabecita (que sostiene como un iluso un slim fit de la 44):

-Tienes la 46, regular.

-¿Sí? -Nunca había oído un regular tan bien dicho. Cabecita se da la vuelta ilusionado, como si él fuera regular. Ella es otra cabecita, aunque más bien pequeña y tan delgada que no se le nota tanto como a él la desproporción de la cabeza-. Muchas gracias.

Ella sonríe y, lanzada, le asegura:

-Tienes la 46 de camisa, XL. -Tras un silencio dramático, añade-: Podría darte también la talla de sombrero. Perdón -dice y ¿se sonroja?-, esta es solo la zona de pantalones.

-Nunca he llevado sombrero.

-Pues tenemos uno hasta con peluca, pero está en otra sección y no te puedo acompañar allí.


Cabecita (él) se prueba un gorro completo de jamaicano: incorpora unas rastas y forma una nube imaginaria de mariguana a su alrededor. Y es raro, porque, de pronto, parece que tiene un cabezón, pero el rostro sigue pequeño. Entonces decide volver a la sección de pantalones con el gorro-peluca puesto.

Cabecita (ella) sonríe cuando lo ve llegar, y le dice:

-También tenemos barbas postizas.

Cabecita se queda boquiabierto.

-Que no, que es broma...

Cabecita sigue boquiabierto.

-¿Puedo pagar aquí el gorro?

-No, en la caja general, pero yo te doy este ticket para ti.

En el papel de una factura desechada, Cabecita (él) lee la anotación con bolígrafo de un nombre, Alicia, y un número.

-Es mi teléfono... -Arquea las cejas.


Cuando sale de la tienda, Cabecita (él) está tan contento que ya no quiere, como cualquier día, que le crezca el cráneo (aunque quisiera tener menos cuerpo para cumplir mejor con la ley de las proporciones). Saca el sombrero con rastas de la bolsa y se lo pone. Y echa a andar en la nube imaginaria de mariguana, con un gesto más elástico que nunca mientras tararea: One love, one heart/ Let’s get together and feel all right... Tiene un sombrero que le anima a cantar, se va a dejar barba ya y esta misma tarde llamará a Alicia.

El mundo es una promesa.

jueves, diciembre 02, 2021

La opción del láser

Qué pasa cuando tienes las gafas descompuestas por el uso, cuando se te deslizan continuamente por el puente de la nariz como si jugaran, traviesas, por un tobogán, y ya contemplas, entre la miopía y la presbicia, la compra de unas bifocales, o progresivas, como dicen ahora. Porque no quieres operarte con láser, porque te la trae al pairo la cuestión estética (con semejante nariz, las gafas salen de la categoría de atrezzo y entran en la maquillaje). Pero ya has calculado y sabes que cuestan dos ojos de la cara. Y estás pendiente de las ofertas en progresivas, que, como todas, se empañan con los cambios de temperatura y te dejan como un topo cada dos por tres en invierno.

Qué pasa, digo, cuando entras a un baño público con la urgencia dictada por la vejiga y no tiras de la bomba para eliminar los sólidos depositados por un cagón anterior, pero, en un gesto de elegancia y urbanidad, levantas la tapa protegido con el último trozo de papel higiénico. (En el gesto, no dudas de tu puntería. ¿Topo? Tal vez..., pero con el pulso de Robin Hood). Y en esa inclinación fatal, las gafas se resbalan (despegan) por la pista de la nariz, y vuelan en picado (manoteo inútil), y se hunden entre otros sólidos.

Y entonces, en medio del naufragio, piensas en el láser como una buena opción, y te dices que es una inversión, porque, al fin y al cabo, ¿cuántas veces se tropieza en la misma piedra?, ¿cuántas veces se pueden caer las gafas en la taza de un váter sucio? La gravedad siempre está ahí, sentencias, y las bifocales, perdón, las progresivas son tan caras.

Tocan a la puerta del baño. Alguien acompaña su apremio con un ruego:

-¡Por favor, por favor, por favor...! -suena una ventosidad quejosa (irreproducible)-. No... puedo... más...

Hay que tomar una decisión.

sábado, octubre 23, 2021

Formación universitaria sostenible (1)

-Hace cuatro años te dije en clase que ese cuadro lo pintaba mi sobrino de cinco años... -comenta con desparpajo el graduado sentado  frente al profesor en el despacho.

-¿Qué cuadro?

-Ese... -señala la lámina colgada en la pared-. ¿Te acuerdas?

-¿Os lo enseñé en clase...? No, no me acordaba... -miente con elegancia el profesor-. ¿Y ya has cambiado de opinión?

-Sí. -El graduado se arellana en el asiento y se concede la pausa dramática antes de continuar-: Ahora tendría que corregirme: mi primo de nueve ya pinta mucho mejor que Miró.

El profesor sonríe satisfecho. Ahí sale otro vivo capaz de reconocer por su nombre un Miró.


miércoles, octubre 13, 2021

1312 palabras

Elija la tarea: hacer una fotografía o escribir un relato con un mínimo de 1001 palabras.

¿Ha elegido la fotografía?

Escriba entonces un mínimo de 10 palabras a propósito de algo evidente que muestra esa fotografía, algo que solo usted ve y que obligará al resto a reconocer: "Es cierto, ¿cómo no lo había visto?".

No hable de sí mismo.

¿Ha elegido el texto?

Haga una fotografía acorde a ese texto.


Un alumno fotografió su texto de 1312 palabras de modo que podía leerse perfectamente.

-Lo que quería decir está ahí -dijo señalando el relato-, si no, hubiera hecho una fotografía.

martes, septiembre 28, 2021

La rama en el pasillo

 

Fotografía de Pilar.

La ramita se cruza ante la vista cuando se avanza por el pasillo del hayedo en la niebla. No impide el paso, solo es una molestia para el ojo agudo, un pequeño desajuste en un orden establecido por cierta mirada para un escenario concreto. Esas cosillas que fastidian la vida de los maniáticos -el cubierto desordenado en la mesa, una maca en la manzana, un maillot (casi) blanco de un ciclista...-.  Y de pronto, la ramita ya es rama.
Entonces alguien apoya su mano en tu hombro y te dice, así como quien no quiere la cosa:
-Esa rama habría que quitarla, ¿verdad?
Ya no hace falta que digas nada y, agradecido porque alguien te conoce, te dominas y pasas bajo la rama sin bailar limbo, sin quebrarla y arrojarla fuera del paisaje vertical de las hayas jóvenes.

miércoles, septiembre 08, 2021

El octosílabo

Nos acercamos a unos rastrojos agostados en septiembre. Los han pisado las ovejas y el suelo está duro. Solo la carrigüela verdea cerca de unos montoncillos de paja. Entonces me sonrío. En España, me digo, los poetas clásicos se echan al monte... Ya quedan pocas oportunidades para decir o escribir rastrojo, agostado, carrigüela... Estoy a punto de añadir pegujal. En fin, ya está, lo he hecho.

Los rastrojos tienen esa poesía de la austeridad, de lo esencial, de lo seco (casi de lo aromático) que anima a respirar hondo, a la atención plena. Poesía del secarral; de la cagarruta, el terrón y la paja (a menudo en el ojo); que se permite, incluso, la evocación, el recuerdo del paraíso perdido: verde y amapolas; trigo, cebada y rojo.

Y entonces, en el rastrojo, me digo que tengo que escribir o decir argaya en mayo, antes de que la arranquen del diccionario, antes de las cosechas. Me vengo arriba. Ya tengo hasta una metáfora preparada: espuma de las olas en campos de cebada.

Debería añadir: acamados. Por el viento, claro. Sí, podría. La oportunidad, hay que encontrar la oportunidad...

Me vuelvo:

-¿No te parece que hay una poesía de lo mínimo en el rastrojo?

Ella me mira, pupila marrón, compasiva, sin paja. Me dice:

-A mí solo me recuerda la expresión: "Como puta por rastrojo".

No canta ni un pájaro. Y pienso bien callado: joder con el octosílabo.

domingo, agosto 15, 2021

Territorial

El petirrojo le mira desde el otro lado de la cristalera del ventanal, desafiante. Es un macho territorial, juzga Pedro. Se cree el amo del patio. Un chulito. Recuerda que los petirrojos se tiran al rojo, recorta una cajetilla de tabaco con un rojo como el de la bandera de Japón y lo cuelga de la ventana por el exterior. A veces las trampas dan resultado. ¡Ay! La sacudida contra el cristal le recuerda el impacto de una bola de nieve poco apretada.

Pedro recoge al kamikaze moribundo. Recuerda una lección sencilla: hay que guardar el pájaro en una caja, en las cajas oscuras se obra una especie de milagro y las aves pequeñas se recomponen. Toma una caja de zapatos perfora unos respiraderos y deja que el pajarillo repose dentro quince minutos. Después sale al patio con la caja, el corazón oprimido ante la incertidumbre. Abre la caja sin mirar dentro. El petirrojo no sale. Mira en su interior. Entonces el pájaro levanta el vuelo y se aleja.

Mira hacia la casa y Adri reúne los cinco dedos de su mano derecha hacia arriba y los oscila en ese gesto tan italiano que le pregunta al otro lado del ventanal: ¿pero qué estás haciendo en calzoncillos con una caja de zapatos en el patio común?

Luego llega un mensaje nítido, imperioso:

-¡Vuelve a casa!

Y Pedro sonríe aliviado. Todo está bien.

miércoles, abril 29, 2020

Mil dólares de ficción

Recuerdo a un escritor en potencia bloqueado con un relato. Su personaje necesitaba emigrar de Montevideo a Miami (sobraban las desgracias que empujaban al autor y a su personaje a tomar esa decisión) y el personaje no podía conseguir el dinero.
-Tiene que avanzar la trama -le decía yo.
-Pero no puede irse -me replicaba él, cabizbajo sobre el teclado.
Ya no era el personaje, sino el autor, cercado por su realidad, quien no encontraba cómo seguir.
-¿Cuánto necesita? -pregunté.
Él autor hizo un cálculo rápido (seguro que lo había calculado muchas veces, seguro que por lo bajo, apurando costes):
-1000 dólares.
Comprendí que el autor era tan pobre que le costaba imaginar 1000 dólares juntos. ¿Cómo iba a imaginarlos para su personaje acosado por las desgracias?
-¿Cómo va a conseguir los 1000? -pregunté.
-No lo sé.
-¡Yo se los doy! Vamos, escribe que yo se los doy.
"Aquellos 1000 dólares te salieron gratis", dirá alguien. "Así también presto yo".
También fueron un parche para salvar un ejercicio de escritura: permitieron viajar a un personaje, dieron media hora de respiro a un joven escritor.
Y mi primera aparición como personaje secundario de un relato (muy secundario y filántropo).

Esos 1000 dólares de ficción y el quemador de gas para la montaña han sido dos de mis tres inversiones más rentables, me sonrío ahora, en la primavera boreal, confinado en casa por una pandemia.

lunes, diciembre 24, 2018

Misterio

"No seamos charlatanes y digamos con franqueza que en este mundo no se entiende nada. Solo los charlatanes y los imbéciles creen comprenderlo todo." Chéjov.

miércoles, noviembre 21, 2018

El lugar de la conciencia

Fue uno de esos hombres que se gustan y saben que gustan. Había había sido un modelo de cabeza muy cotizado (publicidad de champú, sobre todo). Por eso, quienes lo conocían de verdad no se sorprendieron de su cambio de personalidad cuando llegó la calvicie por la quimio. Se quedaba ensimismado con el índice de la mano derecha sobre el punto más elevado de su cabeza y entonces empezaba a dibujar un círculo pequeño con el dedo, siempre en sentido antihorario.
Los sobrinos, unos melenudos con mucha guasa, le preguntaban por qué se daba cuerda así.
Y él, sin decir nada, seguía girando en el remolino indomable de su conciencia. Es terrible no gustar y saber que no gustas.

domingo, noviembre 04, 2018

Mentira y trasquilón

La clienta ha pedido verde y habla demasiado mientras el tinte le impregna el cabello y suena una voz distorsionada de reguetón en el hilo musical. Pero ha conseguido decir "óvulos congelados" y captar la atención de los dos peluqueros y los cuatro clientes. Está crecida y ya defiende la mentira como una solución que va mucho más allá de su maternidad postergada o de la desconfianza que le inspira su pareja "de ahora":
-Cuando uno está todo el día hablando, termina mintiendo. Es inevitable...
-Yo no miento -interviene mi amigo el escritor y lo veo sonreír en el espejo-, solo practico la ficción narrativa.
Es muy listo y, aunque parezca una tontería, a mí me gusta tener su cabeza en mis manos cada dos meses.
-Es un ejercicio de protección ante los imbéciles que lo quieren saber todo -sigue-, o ante aquellos que no saben preguntar: hay que mentir al médico, al vecino del ascensor, al encuestador, a la telefonista que te llama todos los días, al que te pregunta la hora -toma carrerilla-, al vendedor de seguros, a la pareja, al pelu...
Entonces se me va la tijera.

miércoles, agosto 15, 2018

Avisador y avisada

-¿Ya has cerrado la puerta? -dice al rato de salir de casa.
La primera vez sonó bien, un recordatorio atento, no sabía que se había juntado con un avisador. Pero pero pasados tres años, sabe que es otro más en su retahíla de avisos reiterados: ¿ya has pedido el aumento de sueldo?, mira que...; ¿ya has ido al ginecólogo?, mira que...; ¿ya has regado las plantas del balcón?, mira que...; ¿ya has vuelto a fumar?, mira que... Sabe que el de la puerta cerrada lo suelta en cuanto se alejan unos cien metros de casa.
-¿Ya has cerrado la puerta? Mira que...
-Sí.
-¿Pero con llave?
-...
-¿Ya has cerrado la puerta con llave?
-Sí, con llave. No la voy a cerrar con un calabacín -dice harta. ¿En qué momento pactaron que ella también se ocuparía de cerrar la puerta de casa?
El avisador no se conforma con avisar. Siempre hay una amenaza detrás de su aviso, un miedo latente:
-Mira que están robando en muchos pisos.
-Para lo que se pueden llevar del nuestro...
Pero el avisador es como esa gota pertinaz que levanta estalagmitas, o que tortura. La duda crece en la conciencia y tarde o temprano vence:
-Espérame aquí, que me he olvidado -busca algo que decir, el cielo está muy oscuro- el paraguas.
-¿Paraguas? Para qué, ¿no vamos en coche? -los razonamientos del avisador son simples cuando no se trata del campo estricto de sus avisos.
Ella está a punto de explotar:
-Mira que -dice con retintín- desde el aparcamiento a la clínica a lo mejor llueve. No quiero mojarme -le mira a los ojos-: Ni una gota.
Abre la puerta de casa cerrada con llave. Dos vueltas. Algo crece en su interior. Se enfurece consigo misma por haberse dejado llevar. Qué le importa a ella mojarse o no. Coge el paraguas viejo.
El avisador la espera. Ella vuelve airosa, armada con el paraguas como si fuera un lancero.
-¿Ya has cerrado...?
-No, la he dejado abierta.
Puede parecer que él no replica porque sabe que ella está nerviosa por la enfermedad. Pero actúa como un avisador de serie, acostumbrado a las ironías, a las malas contestaciones. Las soporta como males menores en su misión.
Suben al coche. Ella se sienta en la plaza del conductor. Ha insistido en que quería conducir. Hoy le dan los resultados de la analítica, pero de algún modo ya sabe qué le va a decir el médico.
-El cinturón...
Ella se ancla el cinturón, enciende el motor y el indicador del combustible del salpicadero marca la raya más baja de las seis. Aprieta los dientes. Está dispuesta a prescindir hoy de todos los avisos. Sale sin poner el intermitente. El avisador no se percata, él está poniendo música; además, tiene un patrón de avisos, y la raya del combustible o un intermitente no entran en el campo de las responsabilidades avisadoras que él se ha atribuido.
Canta Freddie Mercury.
La conductora sabe que va a ser una tarde memorable. Ha dejado la puerta abierta de casa, toma el camino más largo y espera que se queden tirados en la carretera. "¿Cómo no me has avisado de que íbamos con la reserva de gasolina?, mira que...", le reprochará ella. Ya se imagina a su avisador caminando por el arcén con la garrafa de gasolina en dirección equivocada. Y la lluvia. Y el goteo bajo el paraguas con dos agujeros de colilla.
Mama, just killed a man...
Ella confía en no llegar hoy a la clínica.


domingo, diciembre 31, 2017

Preparen sus besos para una nueva generación de príncipes anhelantes

Huevos de rana bermeja, diciembre de 2017.
Felices sueños de año nuevo.

viernes, noviembre 03, 2017

Piropo vasco

El cementerio de Azkarate no tiene el camino final de acceso pavimentado. Se sube por una pista y, de pronto…: ¡la pradera! Cualquiera que lo contemple se imaginará cómo debe de ser enterrar a alguien entre esos muros que delimitan la tierra consagrada.
Y aquel sábado, a vista de pájaro desde la cima de Balerdi, Mikel, Lucía y Javier lo comentaban en voz alta.
–¿A quién enterrarán ahí?
–A gente de Azkarate, me imagino. Conozco a una señora que nació en ese pueblo –dijo Lucía–, una vecina que a veces me regalaba castañas en otoño.
–Sí, y a los otros… ¡fuera de esos muros! –dijo Javier imitando un tono fanático–. ¡Foráneos, paganos, suicidas, divorciados…!
–¡A los divorciados, no! –hizo un mohín casi infantil Lucía.
Mikel intervino rápidamente:
–No te preocupes, Lucía, yo estaría dispuesto a enterrar allí a divorciadas como tú.

lunes, octubre 16, 2017

Intemperie

Un hombre corre y grita que corran a sus tres hijos rezagados bajo la lluvia negra. No llevan paraguas ni impermeables, ni hay un refugio cercano. Los niños se van quedando atrás y oyen a su padre, que vuelve, maldecir y blasfemar hecho cisco bajo la lluvia, ahora que termina el incendio, ahora que el agua apalea el fuego.

sábado, agosto 22, 2015

Perdidos

Cuando lo perdimos en la niebla, le dimos tiempo porque se suponía que él era el experto en la montaña. Luego nos apuramos, sacamos la brújula y alguien tuvo la ocurrencia de que nos colocáramos las linternas frontales como si fueran luces antiniebla. Nos abrimos en abanico manteniendo el contacto visual entre nosotros. Empezamos a gritar su nombre más y más fuerte. Pronto lo dejamos en vocales abiertas: ¡oeeeeh!, ¡aaaah! Hasta quedarnos sin voz.
Él se hizo el encontradizo a unos metros del refugio. No teníamos ni fuerzas para el reproche, sólo le dijimos:
-¿No nos oías?
-Apagad las frontales, que os vais a quedar sin pilas -respondió.
-¿No nos oías? -insistí.
No respondió, y comprendí el reconocimiento implícito en su silencio: sí que nos había oído.
Me tocó sentarme frente a él en la mesa y pasé buena parte de la cena mirándolo, a la espera. Sorbió la sopa indiferente, como si no fuera con él la cosa. Pero con el estofado de carne me lo confesó:
-Os oí.
-¿Y por qué no respondiste a nuestras llamadas?
Se mordió el labio y demoró la respuesta el tiempo justo para que descubriera su vanidad: él era el experto en la montaña, se había perdido y nuestros gritos lo habían guiado. Y le había bastado no responder a nuestros gritos para cambiar las tornas, para que fuéramos nosotros, los siete, los perdidos.
-Los que gritan están perdidos.

lunes, diciembre 01, 2014

Enhorabuena

Dos meses después de abrirse la cuenta de correo electrónico, revisó Enviados (muchos), Recibidos (muy pocos, la mitad los tiraba a la papelera sin abrir, sin leer), Borradores (ninguno)... Cuando empezaba a pensar que lo de la cuenta de correo era otra cosa inútil en su vida, encontró la carpeta en la que se almacenaban los spam.
Ahora, a menudo, abre la carpeta Spam y recibe un mensaje, cercano, cariñoso, dirigido sólo a él, que le felicita, que le ilusiona, que merece una inversión de tiempo: "Enhorabuena, no tienes spam".

miércoles, noviembre 26, 2014

El hijo único

-¿Qué rezas?
-El padremío.