Hace años me llamaban la atención los propósitos de la gente que salía en televisión en ese reportaje clásico: "Diga sus propósitos de Año Nuevo".
El deporte, todo quisque dice que va a hacer más deporte o, más sinceramente, que va a hacer deporte (así, a secas). La mayor parte de la gente cree que le sobran kilos.
La dieta. Que "los excesos de estas fiestas", "que el colesterol no engaña", que tengo los triglicéridos por los cirros... La mayor parte de la gente sigue creyendo que le sobran kilos.
El tabaco. ¡Ojo al parche! Que van a dejar de fumar. (Aunque también dicen que es dejar de fumar y ganar unos kilos. ¡Ay!).
El inglés (estudiar el idioma). Está bien, reconozco que algún espabilado cita el chino
Un novio. Una novia.
Viajar.
Y ya está, a partir de aquí, poco más que rarezas clasificables en la categoría "Otros".
¿A que no os sorprenden? A mí hace tiempo que me parecen los propósitos normales de Año Nuevo para la televisión. Y sin pensar demasiado clasificaría en el baúl de los "Otros" a quien contara en el reportaje que se propone tratar mejor a su familia, a sus amigos, a su perro o a sus enemigos; o que quiere comer más pasteles de crema; que salvará más ballenas, o linces; o que leerá más, o que leerá; o que conducirá con más precaución; o que colocará el antideslizante en la bañera. Por eso ya no entro en el discurso de valorar los propósitos cuando veo el plan de Telecinco "Doce meses, doce causas". Sí que pienso, al margen de la bondad de las causas mensuales, ¡qué hábiles! Por la elección de la dosis, por la periodicidad. A lo peor, como está visto que al cabo de un mes los propósitos declarados se van al garete y que lo de "El día de..." (todos los días son días de algo, una peste) empachaba, se han planteado el encantamiento de la persuasión mensual, mes a mes con asuntos varios.
No me hagáis mucho caso, que vuelvo al reportaje "Diga sus propósitos de Año Nuevo" para agarrar un pájaro y dejar que se aleje la bandada de la empanada mental . No está grabado, pero yo este año me había propuesto dormir más. Y hasta ayer llevaba un enero de lo más cumplidor.
viernes, enero 27, 2012
martes, enero 24, 2012
La caza del arcoíris. Altos de Goñi, Alto de las Bordas Viejas, Trekua (1.265)
Desde que Lucky Luke fue más rápido que su propia sombra...
Sólo nos quedaba la caza del arcoíris como reto luminoso. Caza mayor en claroscuros, persecución de años hasta que Patxi alcanzó en solitario la base del arco el domingo 22 de enero en el valle de Ollo a las 11 de la mañana. Cerca quedamos Pilar, Imanol y yo, y dos perros de compañía (pastores vascos), que decidieron juntarse con nosotros desde la salida en Senosiáin.
Que nadie piense en un arcoíris remolón. Se trataba de un "doble arco", en las imágenes se aprecia cómo Patxi, con el saber que dan años de persecuciones bajo la lluvia en Adarra y Artikutza, se hizo el loquillo (con disimulo y sin trogloditas) en campo abierto, avanzó sin capucha, despreció el cebo del segundo arco (que hubiera hecho las delicias de cualquier cazador de luz) y fue directo a la base del primer arco.
Sabemos ahora que ahí no se guardaba la olla repleta de oro, el clásico tesoro de los gnomos prometido en algunos cuentos. Quizá la crisis, argüirá alguno. (Crisis narrativa, crisis de fe, crisis economica...) Quizá..., porque no creemos que Patxi, con un gesto veloz, la echara a la mochila.
Y luego, victoriosos pero disciplinados, seguimos monte arriba y guiamos a un grupo de Pamplona. Pilar, Imanol, Patxi y yo alcanzamos la cima (alambrada) de Altos de Goñi, o Alto de las Bordas Viejas (antes también Trekua), ¡ojo al buzón! Comentamos que siempre tenemos un tiempo desapacible en este lugar. Y sí..., será porque es una salida clásica cuando la mañana se presenta lluviosa en San Sebastián: "Vamos hasta Irurzun, redesayunamos, y ya veremos a dónde vamos".
P.D.: Patxi no muestra secuelas después de la cacería. A la espera de que pase un tiempo prudente, no aparecen síntomas de otros iluminados. No se le ha encanecido el cabello súbitamente ni ha olvidado los pósters del Berekoetxea, en Gorriti, donde repostamos café con leche y caldos en el regreso.
(Siempre estaré agradecido a Morris y René Goscinny).
Sólo nos quedaba la caza del arcoíris como reto luminoso. Caza mayor en claroscuros, persecución de años hasta que Patxi alcanzó en solitario la base del arco el domingo 22 de enero en el valle de Ollo a las 11 de la mañana. Cerca quedamos Pilar, Imanol y yo, y dos perros de compañía (pastores vascos), que decidieron juntarse con nosotros desde la salida en Senosiáin.
Que nadie piense en un arcoíris remolón. Se trataba de un "doble arco", en las imágenes se aprecia cómo Patxi, con el saber que dan años de persecuciones bajo la lluvia en Adarra y Artikutza, se hizo el loquillo (con disimulo y sin trogloditas) en campo abierto, avanzó sin capucha, despreció el cebo del segundo arco (que hubiera hecho las delicias de cualquier cazador de luz) y fue directo a la base del primer arco.
Acercamiento del experto.
El momento de gloria.
Sabemos ahora que ahí no se guardaba la olla repleta de oro, el clásico tesoro de los gnomos prometido en algunos cuentos. Quizá la crisis, argüirá alguno. (Crisis narrativa, crisis de fe, crisis economica...) Quizá..., porque no creemos que Patxi, con un gesto veloz, la echara a la mochila.
Y luego, victoriosos pero disciplinados, seguimos monte arriba y guiamos a un grupo de Pamplona. Pilar, Imanol, Patxi y yo alcanzamos la cima (alambrada) de Altos de Goñi, o Alto de las Bordas Viejas (antes también Trekua), ¡ojo al buzón! Comentamos que siempre tenemos un tiempo desapacible en este lugar. Y sí..., será porque es una salida clásica cuando la mañana se presenta lluviosa en San Sebastián: "Vamos hasta Irurzun, redesayunamos, y ya veremos a dónde vamos".
P.D.: Patxi no muestra secuelas después de la cacería. A la espera de que pase un tiempo prudente, no aparecen síntomas de otros iluminados. No se le ha encanecido el cabello súbitamente ni ha olvidado los pósters del Berekoetxea, en Gorriti, donde repostamos café con leche y caldos en el regreso.
Crónica de danzas vascas I: el baile de la Txuleta
Primer paso: el desgüese, con apoyo de izquierda (atención a la flexión de índice).
El titá (vibrante) de cuchillo. El ejecutante corta con precisión y velocidad que supera las posibilidades del ojo humano.
El bailar pegados del corte.
Presumen los del museo del chotis de bailar en una baldosa, y los de la ezpatadantza en hacer virguerías con saltitos y espada; pero el 19 de enero, en la sidrería Gartziategi, celebramos la tradicional danza de la Txuleta sobre plato (pocos bailes tan carnales como éste), que precisa el manejo magistral de arma blanca sobre loza (la baldosa cóncava). Imanol, Iñaki y el maestro Jesús, los intérpretes del cuchillo y tenedor, se esforzaron con la agilidad de pianistas; y los demás (Leire, Rosa, Ricardo y yo) jaleamos atentos la calidez y grosor de sus cortes.
Todo tan rico, ¡eh!
P.D.: ¡Próximamente Kaskanueces! (¡Te vas a enterar, Txaikoski!).
jueves, enero 19, 2012
La ciencia a granel
Oído en televisión: "Japón cazará este año 900 ballenas con fines científicos". Después veo CSI (Las Vegas) y veo cómo resuelven un crimen con el ADN de un pelo. Parece que los científicos japoneses hacen ciencia a granel.
En fin...
En fin...
Sastarri: apuntes para la construcción de la memoria
Fuimos Asier, Imanol, Sergio y yo. Un poco más allá de Ataun, subimos hacia Aia y tomamos la pista cementada que sale del collado Urkillaga (513) hasta la presa de Lareo (735). (¡Ojo, el cemento está roto en algunos tramos y en otros "no está", es una sencilla pista de grava!). Se puede subir, escribo, porque vimos cómo subían en coche con cuatro ocupantes. Nosotros fuimos tan a gustico con el todoterreno. Se alcanza la presa de Lareo y desde ahí el camino está maquillado casi hasta la cima de Sastarri, y en el hayedo la cueva de Sastarri merece una visita.
En esta ocasión deslumbraba el rayo de luz que se colaba hacia el interior de la cueva unos metros, y el lago estaba demasiado alto como para pasar a la sala que hay detrás. Pero exploramos y tuvimos en la yema de los dedos el contacto con el murciélago de herradura.
Después de la cueva, alcanzamos la cota más alta de la expedición: los 996 de Sastarri (998 según el buzón), una cima que ofrece la emoción de un cortado y la promesa de aventuras futuras en el paisaje cercano: Araztortzekogaiñe, Ausa Gaztelu, Txindoki, Uarrain...
Volvimos a Lareo por la vía en trance de desaparición desde que abrieron la pista que termina cerca del dolmen de Erremedio Belarsoro. La senda guarda algunos maquillajes en blanco y rojo, pero se borra sin remedio en el tramo que va del dolmen de Txotxeta hasta el sumidero (la "insurgencia") Ubedi. Ya en Ubedi, por el camino ancho, muy embarrado e invadido por las zarzas, se llega sin despiste posible a la presa de Lareo.
Era una expedición para niños de cualquier edad, aunque las epidemias y los torneos deportivos de fin de semana dejaron solo a Asier entre los menores de 12. Le ofrecimos estalactitas y estalagmitas a tutiplén, el contacto tipo Batman, almuerzo caliente (sartén y hornillo de gas) con provolone, bocadillos de chistorra y ¡chocolate caliente! Tengo mis dudas, pero me parece que cuando llegamos a la cima de Sastarri encontró el primer motivo para su memoria. Creo que la memoria más segura del domingo fue la del
pedacito de madera (rescate de una tala de haya) depositada en el buzón
de Sastarri (989) a modo de tarjeta montañera con su nombre y la fecha:
2012 15 1.
Cuando los niños tienen más años se fijan en otras cosas. Yo, por ejemplo, me quedo con su memoria gastronómica (juzgó el cruasan del redesayuno en Lazkao comparándolo con la napolitana de chocolate que comió en la salida ochomilesca de Urkieta), con el entusiasmo con el buzón de Sastarri, y con el tesón de la limpieza de su calzado en la presa, donde dio buen uso del cepillo para cascos de caballo recomendado por nuestro Personal Shopper de los cachivaches de montaña (Patxi).
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