Después, el paisaje se abre.
Descenso de Aratz con vistas el 28 de marzo: Amboto, Aizkorri...
Después, el paisaje se abre.
Descenso de Aratz con vistas el 28 de marzo: Amboto, Aizkorri...
Tojos, o aulagas, o aliagas, y zarzas (zarzamoras, como dicen los poetas y quienes compran las frutas en la bandeja del supermercado), y helechos. Si quieres pisar seguro, escacha tojos, zarzas y helechos. Y si quieres camino..., te lo abres tú mismo, sin el machete de filo eterno tan útil en las películas con selva.
Pegunta 1: ¿Aquí habrá animales?
Respuesta: Sí, garrapatas; pero eso se descubre en la piel, después, en casa.
Pregunta 2: ¿Y a quién se le ocurrió elegir esta ruta por los límites de Hernani?
(Másquese la palabra "ruta").
Respuesta: A eresfea.
Como montañeros en municipio colindante, más allá de Euntzin contemplamos el paisaje abierto y devastado en el término municipal de Hernani. La extensa ladera oeste de Garagartza hacia el Urumea mostraba los destrozos de la tala y recogida de los troncos de los pinos (seguramente enfermos) y grandes extensiones de eucaliptos nuevos.
¡Daba tanta envidia ver al otro lado de la alambrada el paisaje navarro de Arano!
Tras el paso de la cueva túnel de San Adrian, por la calzada medieval hacia...
Por las campas de Oltza hacia...
Caminamos sin cima fija por los parajes de Aizkorri, con el salvoconducto del carné de federados en tiempos de pandemia. La elección de la ruta depende del paisaje en la niebla, del viento (gélido), de nuestra necesidad de encontrar un nevero o un arroyo para enfriar (más) la cerveza del almuerzo.
Es el último día de febrero, los narcisos, los sauces y los dientes de perro están en flor.
24-II-20121: es primavera en San Sebastián (Guipúzcoa).
Cuando, en la conquista épica de las montañas más bajas de Guipúzcoa, se alcanzan los 4500 cm de altitud de Gaztelutxo, solo queda por decir: "sobre el nivel del mar".
Esta primavera no resonarán los aplausos desde los balcones. Se olvida el número de muertos (cada día) por la pandemia y se protesta por la mascarilla (en cada bocanada). La atención de la prensa se concentra en las algaradas contra la prisión de Rivadulla, la sensación de crisis del fútbol español, la apertura o cierre de bares, la llegada lenta de vacunas... Mientras, la primavera asoma los primeros pétalos y se presta (otra vez) a la contemplación.
Para la lectura: "Algunas reflexiones sobre el sapo común", de Georges Orwell. Publicado en la primavera de 1946.
La ventaja de recomendar lecturas es que casi nadie seguirá esas recomendaciones.
Qué oportunidad y qué impunidad ante la ocasión de soltar recomendaciones, consejos, sin consecuencias. Porque el recomendado/aconsejado no leerá, porque (si lee) quizá sea discreto o no tenga confianza en su propia lectura. ¿Cinismo? Alguna vez recomendasteis un libro... ¿Volvisteis después a la carga, como recomendadores/aconsejadores, para reclamar esa lectura y sus frutos? Probablemente no, porque se asume que una recomendación de lectura es por lo general un "yaquedaremos", un "siesotellamo", un "dicenquevaallover"; pero más culturoso, oye. Cualquiera comprende, en cambio, que si recomienda una cerveza, una serie, una canción contemporánea... (no un vino blanco y raro, no una serie del siglo XX, no una sonata de Bach) luego enfrentará una opinión ajena. No solo eso, además el recomendador/aconsejador queda facultado para volver sobre el asunto una y otra vez: ¿la has probado ya?, ¿aún no la has visto?, ¿la has escuchado?
Quizá hay quien se resiste a aceptar que la labor de la mayoría de los recomendadores/aconsejadores puros termina justo ahí: en la recomendación, en el consejo. Que les tiene sin cuidado el efecto de sus recomendaciones o consejos en los demás, que les basta darlos (jenerosamente, escribiría J.R.J.) o cobrar por ellos (nunca lo suficiente). Que entienden "seguimiento" como "recuento" (audiencia, followers, ingresos, likes, votos, ventas, visitas, votos...) y "efecto" como beneficio propio; que no se dedican al seguimiento y efecto de sus recomendaciones o consejos. Faltaría más, dirá alguien, para eso están la familia, los amigos, los amores, los maestros anacrónicos...
¿Y cuando no están? Otros ocupan su lugar como recomendadores/aconsejadores puros (irresponsables). Entonces dicen que quieren tu bien parlamentarios, coachings, empleados de los bancos, cantautores comprometidos (¿con qué?), portavoces pandémicos, autores de los zodiacos, hosteleros, meteorólogas de televisión, operadores de telefonía, cocineros graciosos, el youtuber que habla tu idioma... Entonces aparece la publicidad con ínfulas morales (Beefeter, por ejemplo, sí, ponme un gintonic).
¿Y qué estoy a punto de hacer yo? ¡Cielos! La tentación del silencio... La del recomendador/aconsejador impuro.
P.D.: El amigo, de Sigrid Nunez; Correr, de Echenoz; La soledad del corredor de fondo, de Sillitoe.