jueves, julio 07, 2011

Venganza incisiva y más

"Tienes algo entre los dientes", dice la chica policía y nueva, y estupenda, al policía, engreído y muy seguro de su sonrisa, que ha almorzado hace un momento. Él se perturba y, en cuanto ella se gira (sonriente), se rebusca entre los dientes. Ella sonríe a los espectadores. (A ti y a mí). Los guionistas acaban de destrozar a ese personaje (fácilmente) ante nuestra mirada.
Y tú has aprendido de los guionistas y me lo has hecho desde entonces varias veces.
"Tienes algo entre los dientes".
Por los motivos más diversos.
"Tienes algo entre los dientes".
Y yo, que sé que no tengo nada oscuro en la boca, que he comido croquetas de bacalao, o arroz con sepia sin tinta, o patatas con coliflor (blanco sobre blanco: qué difícil contraste entre dientes), dejo de sonreír un momento y me paso un dedo por la boca. Y me vengo (incisiva, canina y premolarmente) enseñándote mis dientes con encías y todo.
"¿Ya lo he quitado?".
Es feo mirar la boca de alguien que te enseña los dientes y encías para que examines su higiene.
"¿Ya lo he quitado?".

Collarada (2.883)

Collarada tibetana.

El 25 de junio subo Collarada desde el ibón de Ip, bajo el ojo abierto en la caliza del Fraile.

Mucho ojo al ojo, la Ventana del Fraile.

Esta ruta norte es una ascensión pesada por la pedrera más que por los 400 m de desnivel hasta el cuello de Ip. No salgo a ese collado, sino que improviso algo más al oeste y más cerca de la ascensión final, fácil, a Collarada (2.883).

Desde Collarada se ve perfectamente la ruta de ascensión a la Pala de Ip: la directa por ese canal de la izquierda.

La cima tiene un vértice geodésico arruinado y una banda de ecos tibetanos. Lo más duro de esta ascensión a Collarada es, en realidad, el descenso en un día de récords de temperaturas. La ola de calor pega muy fuerte y bajo 1.900 metros de desnivel hasta Villanúa. Como me he levantado improvisador, sigo por la ladera sur en plan descubridor. Eso significa beber agua en la fuente de los Campanales, el hallazgo de los últimos (¿) perrechicos de la temporada (un par de kilos a 2.150 m de altitud), los errores bajando por las fajas calizas y la largada final por el barranco de los Azús, donde han tenido la osadía de balizar el camino con pintura amarilla y blanca animando a los ciclistas de BTT (¡pobres de quienes suban o bajen por esa senda, qué paliza!). En un punto a mitad de recorrido, me encuentro con una señal inolvidable.


Véase la indicación del camino junto al piloto trasero derecho.

La entrada a Villanúa bajo un calor sofocante tiene algo de western: el forastero descompuesto llega al pueblo. Sólo falta la mata rodando (y las pistolas, y el sombrero, y el caballo, y...).

P.D.: Al este de Collarada, el trío de Collaradeta, Peña Nevera y El Fraile pintan muy bien como una jornada futura.

Pala de Ip y Tronquera (del singular al plural)

Entre Pala y Pala.

Subo hacia la Pala de Ip desde Canfranc por un camino que han repasado pocos días antes las ovejas y cabras que pastan a sus anchas por las praderas del entorno del ibón empantanado de Ip. En esas campas verdes, aún tiernas el 24 de junio, abundan las senderuelas, las marmotas y los restos de construcciones de la represa. La cabaña refugio está ocupada por un pastor y en el refugio de dos plantas cercano a la represa encuentro hasta carretes de pesca.
Asciendo por la cara sur hasta el collado entre la Pala de Ip y Tronqueras. Ahí me saco un mochilón excesivo para disfrutar cresteando. Subo la Pala de Ip, que en realidad son las Palas de Ip (2.775 y 2.779); y luego, Tronquera, también Tronqueras (2.666 y 2.689).

Al norte, Anayet y Midi Ossau.

Al sur se adivina el ascenso para el próximo día a Collarada. Se sale al collado a la izquierda de la cima, donde está esa peña (aleta de tiburón) con una mancha de nieve en la base.

Para dormir, monto la tienda de campaña en la orilla sur del ibón de Ip, junto a un arroyo.

miércoles, junio 22, 2011

Forca de Alanos (2.390)

Pin, pan, y cima.

Los esforcados (Asun, Pilar y yo) subimos el domingo 19 de junio a Forca desde Oza. Nos las prometíamos muy felices, porque el día estaba despejado y no demasiado caluroso, cuando nos encontramos en el punto de partida con un grupo de 29 montañeros procedentes de Bilbao.

Pilar dándolo todo en la rampa de salida al collado de Lenito.

Asun entre Forcas. Son dos peñas con casi la misma altitud. Pero la del vértice geodésico estaba abarrotada.

Bajamos desde el collado de Lenito hacia el collado de Lenito Bajo (la vía del sur). Entonces disfrutamos del silencio (y del lomo, y del jamón, y del queso de cabra).

Ya no hay perrechicos a estas alturas.

lunes, junio 13, 2011

Argualas (3.046)

El 12 de junio, Asun, Pilar, Susana, Ángel, Imanol E. y yo subimos Argualas desde el refugio de la Casa de Piedra, en el destrozado escenario del balneario de Panticosa. La ascensión no es larga, pero el desnivel de 1.400 metros se acusa, sobre todo en la bajada.

Con la sombra por delante en la Mallata Alta.

Dede la Mallata Alta, optamos por subir hacia la izquierda, por una especie de tubo. En el collado de las Argualas ya se veía el cielo nublado, aunque las cimas cercanas tenían aún buena visibilidad.

Cuando llegamos a la cima de Argualas, las nubes entraban y salían en Argualas, Algas y Garmo Negro.


No usamos crampones (porque no hacían falta) y bajamos a toda velocidad y con diversos estilos. Está el estilo cadeneta de roca...


Y el despendolau por la nieve (del que no colocaré fotografía).
Almorzamos donde surge un arroyo poco más abajo del collado Pondiellos. Disfrutamos de un gloriosos surtido de embutidos, vino y patsarán de Asun.
Luego, en un tiquitaca, regresamos al punto de partida.

Lecherín (El Libro, Pico de la Garganta de Borau: 2.570)

Inicio del ascenso definitivo, ante los Mallos de Lecherines.

El 11 de junio, Pilar y yo subimos a Lecherín por el sur, y por el camino de Caperucita (el largo, si se compara con el del lobo). Desde Rigüelo, nos acercamos al refugio homónimo cercano a la variante de la GR11 y subimos después al collado de la Magdalena (cambio de valle) con vistas al refugio López Huici. No bajamos hasta el refugio con premeditación: junto a una zona de arcillas ricas en sales se relamen los sarrios confianzudos. No conozco otro lugar de Pirineos donde se dejen acercar tanto. Subimos hacia el collado de Lecherines, entre los Mallos de Lecherines y Lecherín, y pasamos junto a la sima Maguila (¡qué grande el Gorila Maguila!).
El tramo final de Lecherín tiene un par de brechas en la caliza para subir, optamos por la que está más hacia el este y marcada con algunos hitos. Hay que poner las manos para llegar hasta la ermita buzón de la cima (2.570).

Obsérvese el adoquinado interior de la ermita buzón. Un fenómeno, el artista adoquinador.

La nomenclatura de la cima ofrece tres posibilidades: Pico de la Garganta de Borau, El Libro y Lecherín. Yo me quedo con la más fácil de recordar.
Desde Lecherín la vista es maravillosa: el entorno de Collarada, Pala de Ip...; el omnipresente Midi Ossau; Aspe; los Mallos de Lecherines al estilo Monument Valley...
Pero me llamó mucho la atención ver a nuestros pies el antiguo ibón de Tortiellas colmatado y verde tierno, con el arroyo que culebrea en las clásicas "aguas tuertas".

Con un clic en la imagen veréis las aguas tuertas y, en el siguiente valle, el campamento militar de Rioseta.

Bajamos por el camino del lobo: desde el collado de Lecherines, en dirección sudoeste, para coincidir con la línea de hitos que guían la ruta desde el Paso de la Garganta de Aisa hasta la GR11, cerca otra vez del pequeño refugio pastoril de Rigüelo.

Y a lo largo del trayecto hubo hermosos perrechicos.

P.D.: Tenía ganas de escribir "pastoril" (que, para mí, siempre va unido a "bucólico").

lunes, junio 06, 2011

Llana de la Garganta

Foto cimera de ojos cerrradoentornados.

El domingo 5 de junio, Asun, Ángel, Imanol E., Patxi y yo subimos la Llana de la Garganta (2.599) por Rigüelo, la vía del sur que entra al collado de Napazal o Wallon (collado que merece el nombre de brecha si se sube por el norte).
Primero aclararé que todo menos Llana (o Llena, o Plana). Con un desnivel de unos 1.100 metros, la subida resulta algo incómoda por la pedrera del canal entre la Llana del Bozo y la Llana de la Garganta. Por allí vimos sarrios confianzudos y un nevero que nos obligó a colocarnos los crampones donde el canal se estrecha.


La segunda mitad de la ascensión la hicimos en una nube..., ¿de felicidad?, por supuesto, y de agua también. Primero fue la niebla densa que nos impidió disfrutar del paisaje en el tramo final de la ruta por el sudoeste de la montaña, donde hay que usar las manos. Luego llovió en la bajada desde la cima hasta cerca del refugio del Cubillar del barranco. En el refugio disfrutamos de un almuerzo que se convirtió casi en merienda por la hora. Chorizos, jamón serrano, queso, ese vinito riojano... Y una mención sublime al patsarán de Asún. Lo llamo patsarán porque eso no es pacharán, ni patxaran, ni leches. Es una esencia de endrina que ha adquirido solera en los últimos meses y... En fin, esto es para probar, no para escribirlo juntando adjetivos y comparaciones como si etiquera un vino.


Más allá del refugio llegó la cosecha de senderuelas y perrechicos.
Y muy bien.

El otro Artikutza

El 2 de junio, Asun, Patxi y yo caminamos en tobogán por la finca de Artikutza y sus límites (cima de Altuta) en busca de ferrerías abandonadas, hornos caleros (también abandonados), setas y otras manías. Todo un éxito.

Encontramos el centro de producción antivampiros, obsérvese el palé con las estacas a punto para la distribución.

Por los hayedos y robledales, encontramos gamuzas, zizas y algún hongo.



Y ferrerías arruinadas, con estampas a medio camino entre Centauros del desierto y Los inmortales (de los humedales).


Por si fuera poco, en el viejo coto minero de Artikutza siempre descubrimos alguna vieja mina, son pequeñas galerías de extracción de mineral de hierro.


Y, claro, Patxi opina que hay que ir más a Artikutza.

P.D.: También aprendimos que una "bisfurcación" es el lugar donde un camino, río, etc., se divide en cuatro ramales o brazos.

P.D.2: Y que lo de culebrear tiene sus matices.

miércoles, junio 01, 2011

Cuando exploramos (III): Aleph nasal

Primero fue la superficie de la Tierra: dibujábamos mapas y nos traíamos cosas de los lugares lejanos (¡tan cercanos para sus nativos!). Ahora, y seguimos con la camiseta de la humanidad puesta, decimos en plural que estamos en las profundidades del mar; ahí los humanos exploramos con submarinos y cartografiamos a golpe de ecos. Y sacamos a la superficie liviana animales inverosímiles, sobre todo peces feos, que mueren descomprimidos por el conocimiento (el nuestro).
La enormidad del espacio vendrá después. No quiero imaginar cómo saldrá Bilbao en ese mapa, sólo espero que no cunda el ejemplo de la Luna y que no vengan muy cargados de piedras.
El límite no existe, o eso gusta decir a quienes dan volteretas con bicicletas sin guardabarros o empalman de marcha tres días. Pero hay otras exploraciones más íntimas que nos abren caminos insospechados. No me refiero a la moderna exploración de lo pequeño (aviso: los átomos quedaron grandes), sino a esas exploraciones de tamaño humano. Porque si, como decía Protágoras, el hombre es la medida de todas las cosas, todas las exploraciones se reconcentran en una persona hurgándose la nariz.
(Siempre se pueden localizar con la punta del dedo elementos sorprendentes y regiones ignotas).

lunes, mayo 30, 2011

Olibón

El sábado 28, Pilar y yo dimos el paseo desde Candanchú hasta Lizara, por el valle de los Sarrios. Lo recomiendo antes de que desaparezca toda la nieve (en dos semanas). Nosotros apenas pisamos dos neveros en el punto más alto del recorrido.

El domingo 29 alcanzamos Olibón (2.482) desde Lizara. Se sube al collado del Bozo y desde allí la ruta sigue facilona con rumbo a la brecha de Aisa. En el circo de la Foya de Aragües, tomamos un poco de agua del arroyo, rellenamos las cantiploras y ¡arriba! Antes he escrito alcanzamos porque hubo que ayudarse con las manos.
La ruta de la subida final, hacia el oeste, se empina por un canal con cambio de color entre el Ruabe Bernera (gris de caliza) y el Olibón (beis de arenisca y arenisca con caliza). La pedriza del comienzo del canal y la nieve de su parte superior nos animaron a subir directamente al Olibón, sin salir al collado previo.
Apunto dos observaciones. Una, no lo hagáis, seguid el canal. Dos, mucha pendiente como para que arraigue la hierba, pero la puñetera arraiga.

Desde la cima... vimos, que no es poco.

Paisaje desde Olibón, mirando hacia la Pala de Ip. (Y qué bien se ve Anayet). Foto de Pilar.

Descendimos al puerto de Aisa, entre el Ruabe del Bozo y la Llana del Bozo. Allí almorzamos pan con chocolate y kiwi, y por una senda, donde trabaja la intuición montañera para enlazar algunos hitos, bajamos al circo del Aspe. Un paisaje cercano que parece sacado del fin del mundo.
Las dudas de salida a Candanchú eran tres:
-bajar directamente por la Chorrota del Aspe;
-remontar de nuevo para salir a las pistas de esquí;
-o el Calcinar.

Por los lomeros de Esper. Al fondo el collado de Aisa, entre Llana del Bozo y Ruabe del Bozo.

Optamos por el Calcinar. Y estamos muy contentos de nuestra elección. No recomendaría a nadie que subiera por ahí, pero la bajada fue muy resultona. Con cueva de Contrabandistas y todo.

P.D.: Hubo perrechicos.