lunes, septiembre 28, 2009
Nuevo récord mundial: 94 personas en una burbuja de jabón
COPIO DE EL MERCURIO ONLINE. Viernes 25 de septiembre.
Lo logró el artista Hammou Bensalah, de 45 años de edad y que sólo mide 1,19 metro.
BERLÍN.- Un artista de variedades logró un nuevo récord mundial al conseguir atrapar en una gigantesca burbuja de jabón a 94 personas adultas, informó hoy el parque de atracciones Heide Park Soltau, al norte de Alemania.
Hammou Bensalah, de 45 años de edad, logró más que duplicar el récord anterior, en poder de un británico que había conseguido atrapar en una burbuja de jabón a 44 personas.
El artista argelino, de sólo 1,19 metro de estatura, consiguió su marca durante una exhibición en el citado parque de atracciones la pasada noche, como se puede ver en esta imagen.
El nuevo y curioso récord fue batido en presencia de un notario y de jueces del famoso libro de marcas de la casa cervecera Guinness, quienes entregaron al artista un diploma que certifica el increíble logro.
P.D.: ¡Jo!
Lo logró el artista Hammou Bensalah, de 45 años de edad y que sólo mide 1,19 metro.
BERLÍN.- Un artista de variedades logró un nuevo récord mundial al conseguir atrapar en una gigantesca burbuja de jabón a 94 personas adultas, informó hoy el parque de atracciones Heide Park Soltau, al norte de Alemania.
Hammou Bensalah, de 45 años de edad, logró más que duplicar el récord anterior, en poder de un británico que había conseguido atrapar en una burbuja de jabón a 44 personas.
El artista argelino, de sólo 1,19 metro de estatura, consiguió su marca durante una exhibición en el citado parque de atracciones la pasada noche, como se puede ver en esta imagen.
El nuevo y curioso récord fue batido en presencia de un notario y de jueces del famoso libro de marcas de la casa cervecera Guinness, quienes entregaron al artista un diploma que certifica el increíble logro.
P.D.: ¡Jo!
viernes, septiembre 18, 2009
Las falsas expectativas ajenas
No visten raro ni quieren saldar una deuda económica de un mal pagador. Su arte es más sutil. Acechan en cualquier conversación. Se acercan con aspecto inocente, cargados con los convencionalismos sociales, con las modas del momento, para generar una deuda en ti. Aparentemente preocupados, interesados.
CUATRO EJEMPLOS
-¿Casado?
-Sí.
-¿Con hijos?
-Sí, uno, Juan.
Y antes de que el padre saque la fotografía de la cartera para mostrar la cara de Juan.
-¿Y para cuándo la parejita?
(Entre simpático y reprobador, preocupado por el hijo único, enredador de la intimidad).
-¡Escribes?
-Sí.
-¿Publicas?
-Sí, escribo y publico.
-¿Qué?
-Cuentos.
-¿Y para cuándo la novela?
(Probablemente, él no lee, pero si tú no escribes la novela estás desperdiciando el tiempo. Además, ¿cuántas semanas se tarda en escribir una novela?).
-¿Eres médico?
-Sí.
-¿Eres médico y operas?
-Soy podólogo.
-¿Qué?
-Podólogo.
-No, que qué operas…
-Juanetes.
-¿Y para cuándo el trasplante de algo?
(Porque está bien que toques los pies a la gente, pero ya es hora de que hagas algo serio).
-¿Corres?
-Sí.
-¿Cuántos días por semana?
-Tres.
-¿Y qué distancia cada día?
-Unos 10 kilómetros…
-¿Cuál es la carrera más larga en la que has corrido?
-Una de 20 kilómetros…
-¿Y para cuándo la maratón?
La vida está llena de estas preguntas, lo sé, y dependiendo del tono, de la circunstancia, no van más allá. Pero también sé que hay ocasiones en las que sólo hay dos respuestas correctas para esas preguntas finales: “¿Y a ti qué te importa?” o “No me da la gana”. Pero hay cierta violencia en esas respuestas.
Lo peor llega en el siguiente encuentro, o en los siguientes. Se apoyan en tu palabra y en tu responsabilidad: “¿Ya tenemos la parejita?”. “¿Cómo va esa novela?”. “¿Cómo va esa carrera médica?”. “¿Corriste la maratón?”. De nuevo: “la vida está llena de estas preguntas, lo sé, y…”. Pero la tiran y se van. Hasta la siguiente. Son insaciables, y no tardan en encontrar una nueva meta para ti (otra deuda para la siguiente conversación): un mejor colegio para tu segundo hijo; un marido o una esposa, otro marido u otra esposa; un viaje a Matallana de Torío; la maratón de Nueva York; un trabajo mejor pagado; un cambio de peinado o de tetas sin paraíso… Y se van.
Y comprendo a la gente de palabra cansada de rendir cuentas, que no quiere cumplir plazos ante las falsas expectativas ajenas, que no necesita cantar My Way a coro con Sinatra. Gente que opta por el silencio, elude hablar de su familia, de su profesión, de sus aficiones…, de sus futuribles. Huyen del yo para ponerse a salvo.
Como se ve en los ejemplos, el método depredador brilla por su sencillez:
1. Pregunta sin verdadero interés.
2. Respuesta con una pequeña información.
3. Apoyo en esa información mínima para plantear una exigencia de futuro, y desaparición.
4. Corolario: revisión de las expectativas creadas en el siguiente encuentro, dentro de unos plazos ilógicos.
CUATRO EJEMPLOS
-¿Casado?
-Sí.
-¿Con hijos?
-Sí, uno, Juan.
Y antes de que el padre saque la fotografía de la cartera para mostrar la cara de Juan.
-¿Y para cuándo la parejita?
(Entre simpático y reprobador, preocupado por el hijo único, enredador de la intimidad).
-¡Escribes?
-Sí.
-¿Publicas?
-Sí, escribo y publico.
-¿Qué?
-Cuentos.
-¿Y para cuándo la novela?
(Probablemente, él no lee, pero si tú no escribes la novela estás desperdiciando el tiempo. Además, ¿cuántas semanas se tarda en escribir una novela?).
-¿Eres médico?
-Sí.
-¿Eres médico y operas?
-Soy podólogo.
-¿Qué?
-Podólogo.
-No, que qué operas…
-Juanetes.
-¿Y para cuándo el trasplante de algo?
(Porque está bien que toques los pies a la gente, pero ya es hora de que hagas algo serio).
-¿Corres?
-Sí.
-¿Cuántos días por semana?
-Tres.
-¿Y qué distancia cada día?
-Unos 10 kilómetros…
-¿Cuál es la carrera más larga en la que has corrido?
-Una de 20 kilómetros…
-¿Y para cuándo la maratón?
La vida está llena de estas preguntas, lo sé, y dependiendo del tono, de la circunstancia, no van más allá. Pero también sé que hay ocasiones en las que sólo hay dos respuestas correctas para esas preguntas finales: “¿Y a ti qué te importa?” o “No me da la gana”. Pero hay cierta violencia en esas respuestas.
Lo peor llega en el siguiente encuentro, o en los siguientes. Se apoyan en tu palabra y en tu responsabilidad: “¿Ya tenemos la parejita?”. “¿Cómo va esa novela?”. “¿Cómo va esa carrera médica?”. “¿Corriste la maratón?”. De nuevo: “la vida está llena de estas preguntas, lo sé, y…”. Pero la tiran y se van. Hasta la siguiente. Son insaciables, y no tardan en encontrar una nueva meta para ti (otra deuda para la siguiente conversación): un mejor colegio para tu segundo hijo; un marido o una esposa, otro marido u otra esposa; un viaje a Matallana de Torío; la maratón de Nueva York; un trabajo mejor pagado; un cambio de peinado o de tetas sin paraíso… Y se van.
Y comprendo a la gente de palabra cansada de rendir cuentas, que no quiere cumplir plazos ante las falsas expectativas ajenas, que no necesita cantar My Way a coro con Sinatra. Gente que opta por el silencio, elude hablar de su familia, de su profesión, de sus aficiones…, de sus futuribles. Huyen del yo para ponerse a salvo.
Como se ve en los ejemplos, el método depredador brilla por su sencillez:
1. Pregunta sin verdadero interés.
2. Respuesta con una pequeña información.
3. Apoyo en esa información mínima para plantear una exigencia de futuro, y desaparición.
4. Corolario: revisión de las expectativas creadas en el siguiente encuentro, dentro de unos plazos ilógicos.
martes, septiembre 15, 2009
Señales
El dibujo del señor uruguayo de la señal amarilla tiene algo de joroba, marca el paso cabizbajo. La fotografía está tomada desde el colectivo, en la avenida Brasil, en Montevideo, en agosto.
El 15 de julio, en la Ciudadela de Pamplona, con la resaca de San Fermín, encuentro el cartel con el dibujo del señor gallardo y enorme antebrazo. A sus pies, en la papelera, los artistas del rotulador han terminado la señal como corresponde (¿).
(¿Alguien se sorprende ahora de lo que ha pasado en Pozuelo de Alarcón?).
lunes, septiembre 14, 2009
Cresterío de Aizkorri con nombres propios
Zona exenta de pro
Y… lo confieso: no soy un hombre de pro.
A. Babilidad. Bable. Bar. Blema. Boscidio. Cacidad. Carionte. Caz. Ceder. Cedimiento. Celoso. Cesado. Cesión. Clamar. Clive (OWEN). Curar. Digar. Digio. Ducción. Fanar. Fesión. Fesor. Feta. Filáctico. Fundidad. Genitor. Grama. Greso. Hibición. Jimo. Legómeno. Letario. Liferar. Lijo. Logo. Mesa. Miscuo. Motor. Mulgar. Nóstico. Paganda. Picio (más feo que…). Pina (con cariño, Josefina). Pio. Posición. Pulsión. Saico. Cenio. Sélito. Sista. Sopopeya. Tagonista. Tección. Teger. Teína. Testa. Tocolo. Tozoo. Vecho. Venzal. Verbio. Videncia. Vincia. Visión. Vocador. Xeneta. Ximo. Yectar. Zac.
P.D.: La próxima vez que os obliguen a pensar en pros y contras, ya tenéis un surtido de pros. De nada.
A. Babilidad. Bable. Bar. Blema. Boscidio. Cacidad. Carionte. Caz. Ceder. Cedimiento. Celoso. Cesado. Cesión. Clamar. Clive (OWEN). Curar. Digar. Digio. Ducción. Fanar. Fesión. Fesor. Feta. Filáctico. Fundidad. Genitor. Grama. Greso. Hibición. Jimo. Legómeno. Letario. Liferar. Lijo. Logo. Mesa. Miscuo. Motor. Mulgar. Nóstico. Paganda. Picio (más feo que…). Pina (con cariño, Josefina). Pio. Posición. Pulsión. Saico. Cenio. Sélito. Sista. Sopopeya. Tagonista. Tección. Teger. Teína. Testa. Tocolo. Tozoo. Vecho. Venzal. Verbio. Videncia. Vincia. Visión. Vocador. Xeneta. Ximo. Yectar. Zac.
P.D.: La próxima vez que os obliguen a pensar en pros y contras, ya tenéis un surtido de pros. De nada.
jueves, septiembre 10, 2009
Botas en Anboto
Debería hablar de la clarividencia... Pero sólo apuntaré algunos detalles de la jornada montañera de ayer, miércoles.
1. Asun, Lourdes, Patxi y yo subimos entre las nubes hasta dejarlas a nuestros pies.
2. Cresteamos: Kurutzeta (1.215), Elgoiri (1.250) y Amboto (1.331).
3. Lourdes estrenó las botas Lowa. (Pronúnciese: Looooba).
4. Aquí podría terminar la lista.
5. Recogimos gibelurdiñas y hongos (Boletus aestivalis).
6. Bebimos de la ferruginosa fuente de Asuntze (créetelo, Asun).
7. Vimos un colibrí en Urkiola (un colibrí vizcaíno y los de EITB sin decir nada...).
martes, septiembre 08, 2009
Parecidos razonables

No diremos quién es quién, ni qué pinta esa hoja de cáñamo (planta textil, obvio). Pero nos reímos a comienzos de agosto pensando que pocas veces nos juntamos y nos hacemos una foto. Que no nos pase como a los Intocables...
P.D.: La imagen está tomada con la cámara nueva de Patxi, uno de los Intocables, habían caído antes unas cervezas checas y tostadas.
lunes, agosto 31, 2009
Adioses (2009)
Hay un lugar de la calle 21 de Septiembre, en el barrio de Pocitos, Montevideo, al que regreso una y otra vez. Ahí tomo el pulso al urbanismo local.
Y me entra una fe en los sólidos valores permanentes... (Véase el primer plano).
P.D.: La imagen es de este sábado invernal (29 de agosto), otro fin de semana al borde de los 30ºC.
miércoles, agosto 26, 2009
Traumató-logos
Te duele la rodilla (o el hombro, o el codo, o la espalda, o...). Vas al médico de cabecera que te receta reposo, antiinflamatorios y analgésicos. Al cabo de un mes o dos, vuelves al mismo médico con el mismo dolor pero con el estómago un poco revuelto, acostumbrado ya a la diarrea cotidiana. Entonces el médico te envía al traumatólogo, otro médico, pero de la familia de los -logos. Te receta otros antiinfamatorios y otros analgésicos, o cambia la dosis de los mismos analgésicos. Puede que insista con el reposo o pase a los estiramientos, los masajes o las gomas (para fortalecer la musculatura). Un mes o dos meses después, vuelves más o menos como llegaste y te envía a los rayos X y te hacen caso con otra cara (de pasmo, de ignorancia). En los rayos no se ve nada, o no se sabe ver nada.
Un conocido recomienda otro traumatólogo (buenísimo), generalmente es un servicio privado, hay que pagar por fuera del servicio gratuito de sanidad. Suele vivir fuera de tu ciudad. Viajas. No hay demasiado cambio en tu diagnóstico y en la terapia. Ya los llamas traumato-legos. Haces otras pruebas: homeopatía, higiene postural, acupuntura, plantillas en los zapatos, fajas, natación...
Dos años después sientes cómo el dolor se acentúa como en los peores momentos.
Opciones:
-Vuelves a repetir la tournée (el bucle de los traumatólogos) como un hámster en el molino.
-Te has convertido en un traumatólogo de la vida y te automedicas.
-Escuchas los comentarios de otro veterano en traumatólogos que te medica.
-Sufres, y entonces pasas de los -logos a la familia de los psico-
Un conocido recomienda otro traumatólogo (buenísimo), generalmente es un servicio privado, hay que pagar por fuera del servicio gratuito de sanidad. Suele vivir fuera de tu ciudad. Viajas. No hay demasiado cambio en tu diagnóstico y en la terapia. Ya los llamas traumato-legos. Haces otras pruebas: homeopatía, higiene postural, acupuntura, plantillas en los zapatos, fajas, natación...
Dos años después sientes cómo el dolor se acentúa como en los peores momentos.
Opciones:
-Vuelves a repetir la tournée (el bucle de los traumatólogos) como un hámster en el molino.
-Te has convertido en un traumatólogo de la vida y te automedicas.
-Escuchas los comentarios de otro veterano en traumatólogos que te medica.
-Sufres, y entonces pasas de los -logos a la familia de los psico-
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