miércoles, enero 19, 2011

Olvidar, olvidar

Creo que los relatos ayudan a la gente a comprender su propia vida. Aunque también cabe la confusión. Antaño fue con las novelas, quizá pensáis en el ficticio Alonso Quijano, pero en el SXIX se discutía si las novelas (y los trenes) eran perjudiciales para las embarazadas. Llegó el cine y hubo más confundidos, aunque supongo que la confusión era parecida. Esto les pasó a nuestros padres. Cómo explicar, si no, el éxito del sobreactuado James Dean. También nos pasó a nosotros, la generación entre la sala de cine y la sala de estar (ante) la televisión, que vimos personajes buenos y malos perfilados en la televisión (reponían películas clásicas) y nos encontramos borrosos a los personajes en el cine (los malos eran malos, aunque tenían su puntillo; los que parecían buenos eran malos también; los buenos eran, sobre todo, raros: paradigmático en El bueno, el feo y el malo); y aún hoy lo mismo imitamos a Darth Vader diciendo aquello de "Soy tu padre..." que cantamos (políglotos) en una francachela las canciones de los dibujos animados de los años 70.
La vida se comprime en los relatos y, en el siglo XX, tras poco más de hora y media de película, el espectador salía del cine estimulado: su vida tenía que ser otra. Más trepidante, heroica... Si no llenábamos nuestra vida de acción, si no éramos héroes..., ¿qué podíamos ser? Al menos éramos memoriosos: recordábamos. Recordábamos hasta para ir al videoclub y repescar títulos.
Ahora viven más en teleseries (el prefijo tele empieza a sobrar) y en realities que se repiten en la televisión, y en la Red. La generación presente burla los límites temporales y se adelanta a los estrenos. Y ni siquiera los graban ni se esfuerzan demasiado por recordar, como todo está a su (nuestra) disposición en la Red, o en la Nube... La sala de estar (ante) el televisor o la pantalla del ordenador es el dormitorio, o la cocina. Pronto no llevarán ni esa especie de supositorios para la memoria que llamamos USB, o pendrives, o pinchos (qué ridículo). Todo será más descargable, más fácil de descartar, de olvidar.

P.D.: Y algunos padres imitarán a Darth Vader, pero tal vez preguntarán: ¿Eres mi hijo?

4 comentarios:

iK dijo...

Muy muy muy bueno.
Yo recordaba estos días la liturgia y veneración que suponía en los 80 comprarse un vinilo. Ese "Sign O' the times" del año 1987, por ejemplo.
Y hoy día... pues eso, lo que dices.

mr. shy dijo...

¿De qué manera han cambiado los relatos con los nuevos soportes? ¿Comprendemos bien nuestra vida, nosotros, los de la nueva generación?

En este asunto, ¿hay ahora tanta diferencia entre tu generación y la mía?

Leire dijo...

Quizá haya una especie de hipertrofia de recuerdos. Por su abundancia y rapidez van perdiendo valor. Antes había que pensar muy bien qué foto tomar porque sólo había unos 24 disparos. Y se revelaban con ilusión. Ahora las almacenamos a cientos, se quedan como imágenes virtuales y muchas van cayendo en el olvido. Pero aún así, creo que sí hay intentos por conservar los recuerdos, escribirlos, mirarlos, escucharlos..., y que también se siente esa fuerza después de ver una buena película :)

Sergio dijo...

Temo esa pregunta y temo la respuesta.