viernes, junio 26, 2009

No hice prisioneros


La rana bermeja, ayer jueves, en las Malloas. Tiene cierta mirada republicana.

P.S.: Croac, croac.

miércoles, junio 24, 2009

Denominación de Origen (D.O.)

Copiado de El Diario Vasco, 23 de junio de 2009.
"Nacimientos del hospital de Donostia" (San Sebastián):
El orden alfabético de la lista es mío.
Abdullah. Aimar y Aimar. Aisha. Aitana. Aitor. Ander, Ander y Ander. Ane. Antonio. Aroa. Asier, Asier y Asier. Ekain. Eki. Elaia. Enara. Eneko (que el Word tiende a convertir en enero). Iker. Imad. Iñaki. Irati. Izan. Janire. June y June. Izaro. Labrit. Leire. Luka y Luka. Markel. Maddi. Martín. Mikel. Nerea. Oihan. Sokaina. Unax y Unax.
Tres Ander, tres Asier; dos Unax, dos Luka, dos June, dos Aimar... Podría hablar de normalización lingüística, del gusto por los nombres de dos sílabas (tengo la manía de que no imprimen carácter si no son agudos –y así suman tres sílabas-), de la presencia árabe, del descubrimiento de nombres que jamás escuché… Pero ante la nómina, pienso en mi propio nombre, comprendo que nací en el mismo lugar (aunque unos años antes) y hasta siento cierta satisfacción (llena de sílabas) por el nuevo exotismo de mi nombre perfecto para lehendakari.

P.D.: Copiado el 24 de julio de 2009, día de san Juan Bautista, en El Diario Vasco. "Nacimientos Hospital Donostia" (San Sebastián): Arca. Aroa. Izaro. Jon. Luis. Oier. Oihana. Ohiane.

P.D.2: Leed El nacimiento, de Varlámov, novela breve y tolstoiana, publicada en la editorial Acantilado (2009). Sublime.

lunes, junio 22, 2009

Castillo de Acher


Bienvenidos al Castillo de Acher, observen las "almenas", Lourdes asoma por el collado.

El bucle de Patxi en la Punta Sur.

Una y otra vez nos encastillamos en Acher. En esta ocasión fue el domingo, fuimos Asun, Lourdes, Pilar, Imanol C., Patxi y yo.
En la subida recogimos bejines que cocinamos en la Punta Norte (2.390) en revuelto. (Mención especial para la botella de Alcorta de Patxi y un recuerdo para Andrea, hija de la jovencita Asun).
Una nueva emoción montañera llegó en la bajada, a las cuatro y cuarto, cuando conocimos a Mª Jesús y a Yolanda en el collado de salida del Castillo de Acher. Antes las habíamos visto llegar con dos amigas más a la cumbre. Y nos habíamos conjurado con el pan casero y el revuelto de setas:
-Ojo, nada de invitar, ni aunque suba Gisele Bundchen, ¡eh!
(Cuentan las crónicas que a Patxi se le quedó la sonrisa perfecta en la cara durante un rato pensando en Gisele, al menos hasta las cuatro y cuarto).
Mª Jesús tenía un tobillo roto y nada de bejín. Demostró en las horas siguientes una entereza envidiable para bajar y para esperar el rescate de la Guardia Civil en el refugio forestal del Castillo de Acher.
Sufrió con dignidad una bajada exigente arrastrándose de culo, con una pierna entablillada (entre dos bastoncillos plegables/plegados: embastonada), o acarreada a caballito, por Imanol y por mí. Cuando a las nueve menos cinco oímos el helicóptero, tarareamos a Wagner con Apocalipsis Now en la memoria.

miércoles, junio 17, 2009

Anayet (pico)

La "jovencita" Asun, contemplativa. Al fondo, Midi Ossau.

El domingo 14 de junio de 2009 (meto la fecha entera para dar rango histórico al asunto), Asun, Karmele, Pilar, Ángel, Patxi y yo subimos al pico del Anayet (2.545) por Formigal. El ascenso estuvo amenazado desde primera hora de la mañana por la lluvia, pero encontramos los momentos despejados en el cielo en los momentos precisos.

La información útil: el famoso paso del cable, donde la sensación aérea aumenta, está ahora más asegurado con una larga cadena.
La anécdota: rebautizamos a Ángel como Ángel-Hito. (Basta ya de Angel-OT, que el muchacho nunca se puso cantarín).

Ángel-Hito, grises y rojos sobre fondo rojo.

lunes, junio 15, 2009

Bacías

Patxi, cramponero (que no arponero). Al fondo, entre otros, Argualas y Garmo Negro.

¿La costa griega o el ibón de Brazato? Ella es Pilar.

Rampa rampa final del Bacías.

Hay jornadas pirenaicas que hacen afición. El pasado sábado vivimos esa certeza y esa felicidad en tiempo real. Karmele, Pilar, Patxi y yo ascendimos a Bacías (2.760) desde Panticosa, un día soleado. Caminamos junto a los ibones, cresteamos, practicamos las caídas con piolet en los neveros... Un gustazo.

No hice prisioneros


Caminé cuatro días solo por los Pirineos; después, acompañado, dos días más.
En los días de marcha solitaria no hice prisoneros (ni siquiera micológicos).
¿Quién sabe qué pájaro es el de la imagen?

P.D.: No vale el "pájaro" del que sólo se ve la mano.

miércoles, junio 03, 2009

Padre e hijo

El hijo preguntó a su padre:
-Papá, ¿correrías el maratón conmigo?
-Sí -respondió el padre.
Fueron al maratón y lo completaron juntos. Padre e hijo fueron juntos a correr otros maratones. El padre siempre decía sí a las solicitudes de su hijo para correr juntos. Un día, el hijo preguntó a su padre:
-Papá, vamos a participar juntos en el Ironman.
El padre también le dijo sí.
En el triatlón Ironman se nadan casi 4 km en el océano, después se corren 180 kms. en bicicleta y, para terminar, un maratón 42,195 km a lo largo de la costa de Big Island.
AHORA, POR FAVOR, VED EL VIDEO.

P.D.: Gracias de nuevo a Imanol, que me alimenta por internet con perlas como ésta.
P.D.2: Cuando hay que llorar, hay que llorar.

martes, junio 02, 2009

Por el borde de Urbasa

Triunfantes en Baiza.

El haya de Iruaitzeta.

Legumbe entre las flores.

El domingo Asun, Lourdes, Pilar, Susana, Imanol E., Patxi y yo despedimos mayo con varias cumbres entre las flores. Salimos desde Andoin. Un error en la ascensión hacia el collado de Beleku nos permitió descubrir un hermoso nacedero en un terreno de margocalizas (pensé en una miniatura de Urederra). Ascendimos primero Peña Caída (1.128), después Legumbe (1.127). Allí abandonamos el cresterío irregular y descendimos al bosque de Urbasa, hasta el Camping. Un descanso reparador y continuamos nuestra media maratón hacia el puerto de Lizarraga. Primero cuatro kilómetros, por asfalto. Renunciamos a la ermita de Santa Marina, pero correteamos en las cimas de Iruaitzeta (1.144), Baiza (1.181) y San Adrián (1.113).
En una de las bordas de Lizarraga disfrutamos, rozagantes, del crepúsculo entre cerveza con limón y tinto de crianza.

viernes, mayo 29, 2009

El disco de Pink Floyd

Vivir en los corazones que dejamos atrás no es vivir
Joseph Conrad

Siempre le gustó guardar cosas para mejores momentos. Espíritu de ardilla, decía su madre cuando se encontraba el billete de una entrada de cine, un guijarro manoseado hasta el brillo, o una servilleta de papel con cualquier anotación indescifrable en el bolsillo de una gabardina. Quizá por atesorar o por ser fiel a algo concreto, compró un disco de Pink Floyd en España antes de su partida a Uruguay. Allí, se dijo, encontraría el momento adecuado para abrir ese disco y escucharlo. De esto ya hacía algunos años, no demasiados, pero la técnica ha progresado, los tocadiscos se extinguieron y no se venden discos de vinilo como el suyo.
¿Cómo pasaron los años? Escucharé el disco cuando me licencie, dijo en un momento de optimismo. Tal vez entonces aún creía que terminaría los estudios de Ingeniería, hoy sabe que nunca obtendrá ese diploma. Cuando los estudios fueron desplazados por otros intereses, se prometió: escucharé el disco cuando encuentre a la mujer de mi vida. Pero, claro, para eso, el lógico precisa mirar la vida desde el final. ¿Quién le dice a un tipo cargado de dudas que “la mujer de mi vida” es Juliana, Federica, Lurdes o hasta la misma Marta? Quizá a cada una de ellas se lo dijo alguna vez. Con vehemencia.
-Eres la mujer de mi vida…
Lo que parecía imposible de determinar por su parte se lo concedió al matrimonio. Era una prueba segura: cuando me case, se dijo, será que habré encontrado a “la mujer de mi vida”. Entonces escucharé el disco de Pink Floyd. Pero no se casó, en su lugar se fue a vivir con Marta. ¿Era Marta la mujer de su vida? Casi no le dio tiempo a proponerse que cuando fuera padre de una niña escucharía el disco, porque nació un niño; y ya le estaban saliendo los dientes a Fernando, cuando sus padres, o sea Marta y él, se separaban como amigos, como es costumbre hoy en día entre las parejas civilizadas. En esa separación limpiamente ejecutada por Marta estuvo tentado de escuchar el disco, pero eso hubiera sido un gesto inolvidable de masoquismo. Sufrió mucho con aquella separación, tanto que se arrepintió de no haberse casado, de no haber escogido el nombre de su hijo por la tontería de decir que sólo tenía reservados nombres de nena (Lurdes, Lidia, Lorena: el imperio de la ele), de no haber puesto el disco a todo volumen cuando Fernando nació.
Mirando hacia atrás en aquellos años, sólo ve un cambio de orden en la sucesión de las excusas. Sí, cuando Marta se separó de él, ya era tarde para abrirlo. Tan tarde que ella se apropió el tocadiscos en la separación; tan tarde que ya no le quedaba ningún amigo de verdad con un aparato semejante en casa. Y sí, conocía a alguno que todavía guardaba su tocadiscos, pero aparecer en su casa significaba recontar el postergado fracaso, el abandono, las oportunidades fallidas. Pensó en los últimos hitos: cuando Marta y él compraron el piso, el bautizo secreto de su hijo en el baño antes de salir de casa para siempre, el viaje a Amsterdam... Comprendió: había que conservar un sueño, aunque fuera añejo, de vinilo y oído por los demás. Era su reserva (y su peculiar renuncia). Se prometió, además, no revelar a nadie el título del disco.

miércoles, mayo 27, 2009

El maravilloso mundo de la ortografía

En el examen de ortografía (y puntuación) los alumnos tienen que quitar y poner para que las frases sean correctas.
La última decía así:

No saben los porques de su tristeza. Le han preguntado muchas veces que le pasa, por que no cuenta el motivo de su yanto. Ya no saben que más hacer, no hay como sacarle de su mutismo.

(Jugad si queréis, tiene seis errores).

Mi sorpresa como corrector llegó cuando un alumno tachó mutismo y escribió nudismo. Aprobó.