jueves, junio 05, 2008

Memoria y aprendizaje del dolor

-¿Quieres tocar la bolsa? -me invita mamá.
La bolsa de la transfusión cede a mi tacto. Tengo seis años y es la primera lección de dolor que recibo. La sangre entra en el brazo de mi madre. Ha perdido un bebé. He perdido un hermano que estaba por venir.

Hay también dolor propio. Ahora recuerdo el de los huesos rotos (me he roto unos cuantos), pero ése dura poco: unos días, un mes.... Te los recolocan, te enyesan; y el tiempo ayuda.

Aprendo con mi dolor y con el de los otros. Algunos murieron. Como Josean Y. Como la chica que conocí minutos antes de que se suicidara arrojándose al tren. Como mi abuelo.
(El dolor del cáncer de páncreas dobló a Eusebio tres meses antes de matarlo. Yo aprendí a reconocer la hierba hepática, que él tomaba en infusiones cuando estaba de color amarillo y pensaba en una hepatitis. La hepática crece en los muros y yo me esforzaba e encontrar hojas verdes y frescas, no demasiado secas. También me esforzaba en que no tuvieran telarañas).
Como María. Como Peter. Como...
Sí, la memoria del dolor propio no basta para enfrentarse con el verdadero dolor, el del sufrimiento. La primera lección de la escuela de dolor es el acercamiento al dolor y al sufrimiento ajeno.
Y, sin embargo, hoy alejamos a los dolientes, no nos interesan los que sufren ni por qué sufren. Los apartamos de nuestra vista, de nuestra conciencia; no les dejamos entrar en nuestra memoria.
No podremos acercarnos a su sufrimiento.
Y creo que la capacidad de acercarse al sufrimiento ajeno es uno de los primeros rasgos de humanidad.

P.D.: Hay que leer "Lluvia de hielo", de Stamm.

12 comentarios:

eimb dijo...

Me gustó esa sentencia final.

Bloody dijo...

El primer párrafo es crudo de verdad. Y la sentencia final, muy cierta. Hoy no es común lograr un día entero de paz y felicidad. ¿Para qué contaminarnos con el sufrimiento ajeno? Mejor hacer oídos sordos.

Al Nonino dijo...

Hace tiempo que se esperaba una eresfeada de estas.
P.D.: Los trenes me hacen sufrir.

Ander Izagirre dijo...

Qué duro y qué necesario.

IMANOL dijo...

La figura de barro de tú hermano?

Sergio dijo...

Empatía.
La empatía nos acerca tanto a la alegría como al sufrimiento ajenos, a sus sentimientos. No podemos quedarnos sólo con uno de las dos; quien tiene, como tú, la capacidad de acercase al dolor de los demás también disfruta de la Amistad a un nivel que otros ni siquiera pueden soñar.
PD Sobre los cuatro años, los niños comienzan a comprender los sentimientos ajenos. Tuviste un duro primer encuentro con la empatía.

eresfea dijo...

Sí, Imanol.
No creas, Sergio. Para mí, entonces, fue todo muy sencillo, muy natural... Pero la memoria ayuda a dar sentido a muchas cosas que en su momento se escapan.
Nacho, chu-chu.

mi-tacua-uy dijo...

Notable.
Dudé si ponerte un comentario o no, pero... mi comentario no va a cambiar tu forma de ser ;)

Minerva dijo...

Me puso los pelos de punta. No hay nada más doloroso que esperar la muerte de alguien para que éste deje de sufrir.

Arkadia dijo...

Parece escrito por alguien que no conozco.

anonetoy dijo...

¿Dónde consigo Lluvia de hielo? Esa sentencia categórica me obliga a leerlo. Ya me imagino diciendo: "Señor, sí, Señor".

Conste que la imagen me recuerda a la mole de los cuatro fantásticos.

Anónimo dijo...

Me duele escribir. Mamá tuvo como ocupación evitarme el dolor durante toda mi niñez, después se me cayó de golpe, y todavía no entiendo como la fuente de dolor puedo ser yo misma y nada más.