
Pensaba que no existían mejores motivos para comer en un restaurante chino occidental que los rollos de primavera, la salsa agridulce y la manera de decir panchino de los camareros. Entonces descubrió que los chinos también mandaban la comida a domicilio. Y el motorista de la Gran Muralla o el Templo no sé qué era un chino que decía panchino.
Así que, una vez cada dos semanas, para que no se resabiaran, pedía por teléfono: arroz tres delicias con mucha salsa agridulce y cuatro rollitos de primavera.
Y decía al motorista antes de pagar:
-¿Trajo el pan chino?
-No pidió panchino.
-¿Cómo?
-No pidió panchino.
-¿Que no pedí pan chino?
-No, no panchino.
-Está bien…, si tú lo dices.
La mirada montevideana de la imagen es de Mariana, que hoy cumple años en la última oportunidad del año con un 19. Para ella, la historieta. ¡Felicidades!

