martes, enero 24, 2012

Crónica de danzas vascas I: el baile de la Txuleta

 Primer paso: el desgüese, con apoyo de izquierda (atención a la flexión de índice).

 El titá (vibrante) de cuchillo. El ejecutante corta con precisión y velocidad que supera las posibilidades del ojo humano.

El bailar pegados del corte.

Presumen los del museo del chotis de bailar en una baldosa, y los de la ezpatadantza en hacer virguerías con saltitos y espada; pero el 19 de enero, en la sidrería Gartziategi, celebramos la tradicional danza de la Txuleta sobre plato (pocos bailes tan carnales como éste), que precisa el manejo magistral de arma blanca sobre loza (la baldosa cóncava). Imanol, Iñaki y el maestro Jesús, los intérpretes del cuchillo y tenedor, se esforzaron con la agilidad de pianistas; y los demás (Belén, Rosa, Ricardo y yo) jaleamos atentos la calidez y grosor de sus cortes.
Todo tan rico, ¡eh!

P.D.: ¡Próximamente Kaskanueces! (¡Te vas a enterar, Txaikoski!).

jueves, enero 19, 2012

La ciencia a granel

Oído en televisión: "Japón cazará este año 900 ballenas con fines científicos". Después veo CSI (Las Vegas) y veo cómo resuelven un crimen con el ADN de un pelo. Parece que los científicos japoneses hacen ciencia a granel.
En fin...


Sastarri: apuntes para la construcción de la memoria

Fuimos Asier, Imanol, Sergio y yo. Un poco más allá de Ataun, subimos hacia Aia y tomamos la pista cementada que sale del collado Urkillaga (513) hasta la presa de Lareo (735). (¡Ojo, el cemento está roto en algunos tramos y en otros "no está", es una sencilla pista de grava!). Se puede subir, escribo, porque vimos cómo subían en coche con cuatro ocupantes. Nosotros fuimos tan a gustico con el todoterreno. Se alcanza la presa de Lareo y desde ahí el camino está maquillado casi hasta la cima de Sastarri, y en el hayedo la cueva de Sastarri merece una visita.
En esta ocasión deslumbraba el rayo de luz que se colaba hacia  el interior de la cueva unos metros, y el lago estaba demasiado alto como para pasar a la sala que hay detrás. Pero exploramos y tuvimos en la yema de los dedos el contacto con el murciélago de herradura.
Después de la cueva, alcanzamos la cota más alta de la expedición: los 996 de Sastarri (998 según el buzón), una cima que ofrece la emoción de un cortado y la promesa de aventuras futuras en el paisaje cercano: Araztortzekogaiñe, Ausa Gaztelu, Txindoki, Uarrain...
Volvimos a Lareo por la vía en trance de desaparición desde que abrieron la pista que termina cerca del dolmen de Erremedio Belarsoro. La senda guarda algunos maquillajes en blanco y rojo, pero se borra sin remedio en el tramo que va del dolmen de Txotxeta hasta el sumidero (la "insurgencia") Ubedi. Ya en Ubedi, por el camino ancho, muy embarrado e invadido por las zarzas, se llega sin despiste posible a la presa de Lareo.
 Era una expedición para niños de cualquier edad, aunque las epidemias y los torneos deportivos de fin de semana dejaron solo a Asier entre los menores de 12. Le ofrecimos estalactitas y estalagmitas a tutiplén, el contacto tipo Batman, almuerzo caliente (sartén y hornillo de gas) con provolone, bocadillos de chistorra y ¡chocolate caliente! Tengo mis dudas, pero me parece que cuando llegamos a la cima  de Sastarri encontró el primer motivo para su memoria. Creo que la memoria más segura del domingo fue la del pedacito de madera (rescate de una tala de haya) depositada en el buzón de Sastarri (989) a modo de tarjeta montañera con su nombre y la  fecha: 2012 15 1.


Cuando los niños tienen más años se fijan en otras cosas. Yo, por ejemplo, me quedo con su memoria gastronómica (juzgó el cruasan del redesayuno en Lazkao comparándolo con la napolitana de chocolate que comió en la salida ochomilesca de Urkieta), con el entusiasmo con el buzón de Sastarri, y con el tesón de la limpieza de su calzado en la presa, donde dio buen uso del cepillo para cascos de caballo recomendado por nuestro Personal Shopper de los cachivaches de montaña (Patxi).




martes, enero 17, 2012

Camino de Santiago 2012 Parte I: De Castrojeriz a Población de Campos (29km). Excusas, esclusas y caridad.

Una coreana, un italiano, un brasileño, un madrileño y un donostiarra desayunan en el albergue municipal de San Esteban, en Tardajos (Burgos)... Y esto, que parece el comienzo de un chiste, es un agradecimiento a Paco, el hospitalero que pone leche, mantequilla y mermelada en la nevera; que deja tostadas y galletas, que tiene una alacena mínima con Cola Cao, café soluble, té... y un microondas que termina de solucionar el desayuno.
El 3 de enero salgo caminando solo de Castrojeriz a las 9,10 y llego a Itero de la Vega a las 11,25. En ese tiempo veo más setas de cardo, el yeso espejuelo de la subida a Mostelares y poco más, porque la niebla es tan densa que chispea y se me empañan las gafas. Pero cuando cruzo el Pisuerga y entro en Palencia no puedo evitar buscar algo para "aprovecharme". Pienso en la expresión "Aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid", que sirve de excusa para soltar a continuación cualquier cosa, y la cambio hasta un "Aprovechando que el Pisuerga pasa cerca de Itero de la Vega". La guardaré como un comodín, ya veré qué añado, rumio cuando en el interior del bar y hostal Fitero (café con leche y hojaldre), de Itero, encuentro la máquina que supera mis ocurrencias. Como se ve a simple vista, no pasa por diseño italiano. La silla es eléctrica, y hace pensar en la silla eléctrica (la otra), pero masajea pies y pantorrillas. (Creo que a este cruce de pensamientos lo llaman eclecticismo).


La salida de Itero me aporta otro conocimiento más, "Aprovechando que el Pisuerga pasa..." me adentro en una zona de peligro singular, puesto que a las habituales señales que advierten del peligro de los ciervos saltando, aquí han añadido la valla que demuestra, tal vez, la naturaleza atlética de estos ciervos. Quizá hasta saltan coches a su paso. Quién sabe.


En Boadilla del Camino doy la vuelta al rollo gótico en busca de una fuente. Moraleja: merece la pena beber agua en la fuente de la entrada al pueblo. Camino 2 o 3 kilómetros más hasta alcanzar el Canal de Castilla. Resulta placentero llanear en paralelo al canal, observando las aguas. Poco antes de entrar en Frómista están las esclusas, y no son cualquier esclusa, no. Según el cartel explicativo: ¡"la esclusa cuádruple"! Que si se añade al aprovechamiento de que el Pisuerga pasa por... (Contente, contente, me digo).

 La esclusa cuádruple: esclusas 17, 18, 19 y 20.

En Frómista, la iglesia de San Martín está cerrada al mediodía y el albergue municipal no se abre por la noche. Así que ya engo una "esclusa" sólida para despachar la visita al pueblo con un café y seguir hasta Población de Campos. El tramo es una recta que no llega a los 4 km y camino con el peregrino de Madrid: Alfonso.
El camarero del bar (el bar abierto) nos abre para la compra el ultramarinos del pueblo. El refugio municipal está abierto y cobran 5 euros. Ofrece literas y mantas, y duchas de agua caliente. No tiene calefacción, "que alguien se la llevó" (lo oiremos varias veces). Lo lleva la señora Carmen, la misma que regenta la casa rural y el hostal cercanos. En el hostal nos ofrece una cena estupenda. Para empezar, sopas de ajo (tripitimos). La oferta de filete con patatas o tortilla de patatas se desvanece en la segunda conversación a propósito del segundo plato. Carmen toma el mando y ya sólo ofrece tortilla de patatas. Cuando llega con las tortillas, comprendo el porqué: está orgullosa de sus tortillas. Luego nos trae una sencilla ensalada. Y de postre fruta o yogur, o, basta un comentario mínimo, los dos. Y chupitos de orujo.
Poco antes de cenar llegó un italiano de la zona de Padua y con los muy ojos abiertos como un pasmarote, casi no parpadeaba, pálido, los labios amoratados, el cuerpo tembloroso. Se expresaba en inglés (a pesar de que algunos creeemos que el italiano parsimonioso es comprensible). Se había perdido al atardecer, que hacía mucho frío, que le dolía una ingle, que le habían acercado desde Boadilla (con parada inútil de por medio en el albergue cerrado de Frómista). El temblor de una mano era indomable. Después de la ducha de agua caliente, en la calidez del hostal, después del primer plato de sopas de ajo (Alfonso y yo ya comíamos la tortilla de patatas), comprendimos que lo de la mano no era cosa de frío, sino su temblor habitual. Él pidió una rebaja a Carmen para dormir en el hostal. Sospecho que ella deseaba que se lo pidiera desde que lo vio llegar aterido

El 4 de enero desayunamos en el hostal de Carmen: rebanadas de pan tostado, sobados, café para repetir. El italiano de Padua seguía durmiendo. Y Carmen nos pidió que rezáramos un padrenuestro por ella en Santiago.


lunes, enero 16, 2012

sábado, enero 14, 2012

Se necesita vuestra huella en las Malloas de Aralar

¿Otro que pide... y desde un blog? Bueeeeno, al fin y al cabo, ¿si os han pedido sangre y órganos para la donación en la calle, por qué no atender la llamada de un blog?
El miércoles 11 de enero redesayuné en el bar de la gasolinera de Atallo, lazo de hojaldre y café con leche. Las flores estaban congeladas a las diez de la mañana... El caso es que a las once y cuarto ya llegaba caminando tranquilamente a la pradera previa a la senda empinada que trepa hacia el collado de Astunalde y pone a tiro unas cuantas cimas fáciles o emocionantes (según caracteres) del entorno de las Malloas de Aralar.
No subía por ahí desde el verano y sospecho que esto está así desde las lluvias de noviembre. Cosas de la naturaleza y la erosión. En el entorno de Artzabal (desde que se llega a la alambrada con robles) y en Altxarte (en el tramo donde el zigzag cruza dos veces el cable que antaño se usaba para bajar los montones de hierba segada), la senda desaparece en algunos tramos entre corrimientos de tierra y avenidas de piedras amontonadas al capricho de una corrriente de agua ya desaparecida. Las sendas de la montaña sin maquillaje no conocen mucha más rehabilitación que el paso de la gente. Y esta senda no está maquillada (entiéndase: balizada con pinturas de HR, GR, PR...).

 
 La supuesta pista de la derecha es el efecto del agua que lavó la hierba.

 
Desprendimientos (uno de tantos) ante vuestras retinas.

Así que, atención si no conocéis bien el camino, no os lancéis (tan) alegremente. Y también: lanzaos alegremente a redibujar la senda con vuestros pasos. Algún montañero ya ha colocado unos hitos de piedra nuevos. Y esto me recuerda la lección que Patxi  repite una y otra vez en la montaña. "Vamos por el camino, si alguien se preocupó de abrirlo y de mantenerlo...". Si camináis por donde antes otros caminaron en la ladera de las Malloas para subir (o bajar) Astunalde, las huellas mantendrán una ruta que seguirán otros, vuestros pasos serán un eslabón.

P.D.: Subí Balerdi y Artubi. Disfruté un día despejado y esta estampa del Txindoki: al fondo, a la izquierda, Aizkorri; al fondo, a la derecha, Gorbea. Y muy cerca, Larraone solapado con Txindoki.


jueves, enero 12, 2012

Camino de Santiago 2012 Parte I: Explicaciones, páramo, pacharanes, setas...

Como hacen los estadounidenses algunas veces en sus reportajes, empecé esta sucesión de fotografías, comentarios e impresiones del Camino de Santiago con un quiebro, una escena. Y, como hacen ellos en el segundo o el tercer párrafo de esos reportajes, me ocuparé de dar algunas respuestas de contexto y de explicar las reglas del juego.
Camino de Santiago en enero, del 2 al 7, por por tierras burgalesas, palentinas y leonesas. La idea era (y así se cumplió) caminar lo ya caminado en 1992 y 1995. Espero volver en Semana Santa a León para iniciar la Parte II, la definitiva en este 2012, hasta Santiago. Y ahora muestro algunas imágenes del día 2 de enero, día de páramos burgaleses.
Esto es un páramo (palabra tan bonita... que luce tan bien con Pedro). El paisaje del páramo ofrece dos tramos memorables en Burgos: entre Rabé de las Calzadas y Hornillos, y entre Hornillos y el arroyo Sambol. El vídeo corresponde al segundo. El viento soplaba de cara. Y la soledad es una compañera excelente en el camino.


 En la salida de Rabé de las Calzadas, la caseta de una huerta ofrece misteriosas posibilidades. Apuesto a que es la puerta de caseta más fotografiada del Camino.

 En Hontanas, al borde del Camino aún abundan los pacharanes.

 El paso por carretera bajo los arcos de lo que queda del convento de San Antón me hace pensar. No diré qué, pero sí que esta vez la luz era perfecta.

 Setas de chopo (y antes las había visto de cardo, también). Lo mejor de todo fue que las vi en el mismo lugar donde las recogí (kilos...) en 1992. En esta ocasión, con el ojillo atento, recordaba aquella bolsa de basura negra que llené en aquel Camino (cuando me soportó José con santa paciencia). Recordaba cómo las cociné en el refugio de Castrojériz y cómo se fueron sumando a la cena los prudentes que no nos vieron morir fulminados cinco minutos después de degustarlas.

Año nuevo en Ulía (243)

Interrupción de Teleñecos en la ascensión, con elmarcoincomparable detrás.

El 1 de enero pusimos el cuentakilómetros montañero a cero. Patxi trajo al menos cuatro razones convincentes para que subiéramos a Ulía. Aportaré otras cuatro para acompañarle en su guía por el monte donostiarra:
-Ahorra horas de sueño al madrugón.
-Nos bajarían en coche.
-Haríamos chiste a costa de Patxi y la necesidad de oxígeno en esa altitud.
-Volveríamos al rancho del mediodía a tiempo.
Y subimos. Y bajamos (algo). Y subimos (otro algo). Y volvimos a bajar. Y... Si mostrara el recorrido con un trazado de ésos que marcan los gepeeses, veríais una especie de ocho trazado por un tembloroso.
Fuimos Asun, Marisa, Pilar, Patxi y yo. A la hora del ángelus, apareció Ángel en las alturas (243 m). Y allí, ya sin ochos ni toboganes, en lo alto de Ulía brindamos con cerveza belga (Val Dieu) y saboreamos unos pie azules navideños como acompañamiento.
Patxi y Marisa, audaces, bajaron andando. Los demás bajamos en el coche de Ángel.

lunes, enero 09, 2012

Camino de Santiago 2012 Parte I: La lechuza tuercecuellos

El día 4 de enero por la mañana, entre niebla y poco antes de llegar a Villalcázar, me encontré la lechuza tuercecuellos.

 

Estaba débil, golpeada. Con restos de sangre en el pico. La tomé con mi disfraz negro de invisibilidad teatral y la fotografié.

Luego me vi en sus ojos. La solté por aquello de que no hago prisioneros, ni siquiera heridos por topetazo de coche en carretera.

Me fui como había llegado, caminando, pero con un pensamiento raro: si hoy Bambi ha adquirido el rango de los clásicos grecolatinos en nuestra comprensión del dolor de los animales y El rey león, con aquello del ciclo de la vida, ayudó a tranquilizar a muchas personas, un simple paseo al borde de una carretera da para observar cómo ese ciclo pasa de 3D a 2D, cómo se lleva a dos dimensiones sobre el asfalto (aves, reptiles, mamíferos, anfibios...: todos laminables bajo los neumáticos).
Para leer: Todos los animales pequeños, de Walker Hamilton.

P.D.: "Tuercecuellos", porque es normal torcerse con el final del vídeo.


Txamantxoia (o Maz)

 En la cima de Txamantxoia (o Maz), con la pala del Sobarcal del día anterior en lontananza.

Descenso con Espelunga y Ralla de Alanos al fondo.

Fue el año pasado, el 27 de diciembre. Pilar, Patxi y yo guardábamos en la retina la estampa del Txamantxoia (o Maz) con la luz del poniente. Y no hubo muchas opciones.
Subimos desde el refugio de Linza, por la vía norte, después de asomarnos al bosque de Aztaparreta. Sobre las margas del tramo final comprendimos el error de esa ascensión sobre terreno "mixto" (calificativo de Patxi): había helado lo suficiente para que no agarraran bien las botas, pero los crampones no rendían entre la piedrilla.
En la cima (vértice geodésico y buzón, 1945) cumplimos con los posados del fotocol ante la mejor estampa de los Pirineos navarroaragoneses y bajamos al collado de Maz, por el sur. De nuevo la improvisación nos ofreció un aventurilla al descender por un barranco. Fue, en fin, un día hermoso, de ésos que te hacen recordar que algunas cimas pequeñas no lo son tanto.