viernes, noviembre 11, 2005

Los charcos que fueron


Las lluvias abundantes en el paisaje de mi infancia provocaron, que recuerde ahora, cuatro aficiones:
1. El gusto por los hongos, abundantes en las tierras húmedas que me vieron aprender a caminar.
2. El interés por los anfibios.
3. El odio hacia los paraguas, sobre todo hacia esas personas que invaden el refugio de los edificios con su paraguas y tienen la habilidad de metértelo en el ojo, eso sí, siempre sin querer (¿sin querer quién?).
4. Caminar entre los charcos.
Esto de caminar entre los charcos se podría catalogar como una "afición perdida". En su extinción participan mi supuesta madurez y el auge de membranas impermea-bles y transpira-bles incorporadas a los calzados. Entonces caminaba con botas de plástico, las famosas katiuskas, que hoy quedaron relegadas para los basureros y para los pescadores de trucha, salmón y tímalo.
Pocas cosas como sondear lentamente la profundidad de un charco oscuro calzado con las katiuskas. Al final, siempre terminaba con la bota desbordada, inundada de agua. Recuerdo cómo me arrancaba las botas, cómo vaciaba el líquido, cómo estrujaba el calcetín.
En la imagen el pequeño Nicolás camina entre los charcos, ¡sin katiuskas! No sabe lo que se pierde...

6 comentarios:

El loco de la motosierra dijo...

Es doloroso saber que uno de los maestros que más admiro critica mis artículos y denuncias, bajándome la autoestima, y que cuando entro a su blog esperando encontrar algo que alimente mi cabeza (como es usual en mis conversaciones con él) no encuentre mejor artículo que el de un pibe que camina por la lluvia. Triste y decepcionante. Buaaa.

eresfea dijo...

Tus denuncias, loco de la motosierra, son una pavada repetida. Y lo sabes.
Yo no escribo en mi blog para alimentar la cabeza de nadie.
Consigue unas katiuskas y prueba. ¡No sabes lo que te pierdes!

gusiluz75 dijo...

Los charcos también me traen recuerdos de infancia.. y ahora mismo del invierno pasado y eso que en Murcia ha empezado a llover.
Gracias, eresfea, por traer a mi memoria al peque Nicolás, aquellos cuentos que sacaba de la biblioteca del barrio del Pilar, de tapa blanca, plastificados, sobados por todos los niños de mi calle...

Huanakauri dijo...

Estoy esperando que llueva para estrenar mis katiuskas y luego dormir la siesta.
(no sé lo que son, pero ta)

Dogbert Jr. dijo...

¿Podemos usar las katiuskas en Pozos Azules?

eresfea dijo...

Dogbert Jr., yo no usaría las katiuskas en los Pozos Azules, las rocas son resbaladizas... Y tal vez salieras del agua como un Gólum mojado.