domingo, noviembre 04, 2012

Viento sur en Eguzkiko Muñoa (1.083)

Aralar desde Eguzkiko Muñoa. Fotografía de Pilar.
Asun, Pilar, Ángel, Imanol C. y yo subimos el 3 de noviembre a Eguzkiko Muñoa pendientes de las lluvias prometidas. Después de las heladas y del viento sur secante, llega el sur húmedo al bosque de Leizalarrea. Las setas están marchitas, decoloradas. Algunas rúsulas, gamuzas (Hydnum repandum) aquí y allá. El hongo (Boletus edulis) testimonial con el canto del cisne del hongo en este otoño de Leizalarrea: despedíos, después de un mes y medio de alegrías recolectoras en el hayedo, se acabó.
Caminamos sobre montones de hojarasca diseñados por los remolinos del viento. Recogemos las que se suponen últimas castañas de la temporada. Apenas chispean unas gotas de lluvias lejanas que nos trae el viento. Llegamos secos a Leiza.

P.D.: Desde el 11 del 11 del 11 hay un buzón nuevo en Eguzkiko Muñoa. Lo llamaré Iñaki.
Fotografía de Pilar.

4 comentarios:

Iñaki Munain dijo...

¿Iñaki? Yo no levanto pidras...
¿Cómo se baja desde EM hasta Leitzalarrea? ¿así, a ojo... ?

Iñaki Munain dijo...

Subimos a ese monte casi solo por su nombre, tan bonito.
Tengo que buscarle la bajada hasta Leitzalarrea.
Agures,
Iñaxio

Sergio dijo...

La primera foto. ¡Ah! La primera foto.

eresfea dijo...

Iñaki, todo es ponerse... (con las piedras).

Y para bajar a Leizalarrea no tienes más que seguir desde la cima el cordal al oeste, cuando llegas a la siguiente cimilla, Petriketa, desciende al norte por la loma del hayedo (aproximadamente un kilómetro) buscando siempre la opción más cómoda, más "alta", sin echarse demasiado hacia las vertientes de los arroyos de derecha o izquierda. Llegarás a un camino y verás que más adelante está cortado por la alambrada. Tienes un paso y ante ti una campa. Desde allí, por la derecha, siguiendo las pinturas de PR, a Izaieta. Por la izquierda, antes de entrar en la campa, junto a un manantial, en una curva con el camino embarrado por las pisadas del ganado, avanza una pista por el hayedo que se interrumpe más adelante con una alambrada (¡a saltar!); luego (como pasaba con Roma) casi todos los caminos en dirección noroeste llegan a Ixkibar.