
Y van numeradas, porque las cosas complicadas resultan difíciles de expresar.
1. Los periodistas que se creen cadenas transmisoras asépticas de los acontecimientos: "los hechos tal cual al lector"; "yo no pretendo dar sentido a las historias, me limito a mostrarlas como son".
2. El tiempo de los suicidios. Ese tiempo en el que todo puede ocurrir. Nunca sabremos por el protagonista qué ocurre en el viaje de la caída desde el puente, en la asfixia del ahorcado, en los vómitos del envenenado, en la eternidad que transcurre desde que se aprieta el gatillo hasta que salta la tapa de los sesos, en el desvanecimiento del desangrado en agua tibia...
3. Consolar a los que lloran.
4. Explicar por qué desprecio tan profundamente la obra de
Saramago, y
Sartre, y
Kundera (excepto
Los amores ridículos y
La insoportable levedad del ser).
5. Exterminar una plaga de pulgas en casa.
6. Saber que cada hora hiere y que la última mata, y vivir pendiente de los sueños que se cumplirán en el futuro.
7. La primera vez que se mata un animal de sangre caliente y se derrama su sangre.
8. Trabajar amorosamente toda la vida en lo mismo, sin vacaciones, sin sueldo, sin atenciones cariñosas, y que digan que no trabajas o que eres S.L. (Sus Labores).
9. Echar las culpas a una mujer bella.
10. La violencia en el País Vasco.
11. No llevar una linterna bajando de Los Infiernos de noche.
12. Trilogía final: que un francés diga Jorge, que alguien diga no a
Eileen Hudson, que una fisura de coxis se corrija con cumbia.
La imagen es de Luis, fue tomada en el homenaje a Aparicio Saravia el 1 de septiembre de 2004, en Uruguay.